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APOSTAR: ¿SERÁ UNA BUENA APUESTA?

Si usted hubiera conocido a Juan, jamás habría imaginado que terminaría en la cárcel. En la secundaria empezó a apostar en deportes y máquinas de azar. Tan pronto perdió una apuesta sobre los resultados de un partido de fútbol americano, supo que su futuro corría peligro. Para evitar la presión de sus acreedores, se salió de la escuela para escapar de todo. Sus trabajos mediocres no le suministraban un ingreso estable y decidió volver a las apuestas. Como ya era adulto y quería vivir con cierta sofisticación, empezó a robar para eliminar sus deudas. Al llegar al extremo y entrar a un banco para exigir dinero con amenazas, fue arrestado y llevado a la cárcel. Allí pudo reflexionar en cómo habrían sido diferentes las cosas desde un principio, si hubiera abandonado este vicio.
Su historia no es única, por supuesto, pero aquello que hace diferente a Juan es que fue criado en un buen hogar cristiano y asistió a una buena iglesia. No empezó a apostar porque tuviera hambre o porque sus padres le hubieran descuidado. Todo empezó como una "sana" diversión, como un dispositivo para romper el aburrimiento. En su niñez Juan había sentido el llamado para ser pastor y misionero, por lo cual fue a la universidad con la meta de graduarse de algún seminario de renombre. El contraste entre lo que pudo haber sido y lo que fue hace la historia aún más dolorosa.
Las apuestas pueden capturar el corazón de cualquier persona, trátese de cristianos o no cristianos, de laicos o clérigos. Muchas personas que nunca pensaron que terminarían enredados en este vicio, intentan lidiar en secreto con esta maldición, este hábito debilitante que corroe familias e iglesias. Esta maldición no solo se propaga por nuestra sociedad sino que es patrocinada por nuestros gobiernos y hasta por algunas iglesias.
¡Qué es apostar? Es "una actividad en la cual una persona entrega algo de valor, usualmente dinero, para arriesgarlo a merced de probabilidades mínimas de éxito, con la esperanza de ganar algo de mayor valor, que por lo general es más dinero". En años recientes la industria de las apuestas ha referido llamar "juego" a esta actividad a fin de darle una mejor imagen.
Años atrás la iglesia tenía una posición muy firme en contra de las apuestas, pero hoy casi no oímos al respecto. El cuadro que yo pintara no podría ser más triste que la realidad, tan solo pregunte al niño cuyos padres se han divorciado a causa de pérdidas en grandes apuestas. Pregunte al niño cuya madre gasta cien dólares a la semana en billetes de lotería en lugar de comprar comida y ropa. En una palabra, la actividad de apostar destruye familias enteras. Acabar con una adicción a las apuestas no es fácil.
Jesús enseñó que la verdad nos hace libres. Para algunos esta realidad no cala hasta que pierden su casa, su familia o su cónyuge. Al verse obligados a vender su casa, al quedar sin fondos para jubilarse y al tener que entregar los muebles a sus acreedores, es cuando muchos llegan al punto que están listos para decir junto al rey Saúl del Antiguo Testamento: "he aquí yo he hecho neciamente, y he errado en gran manera" (1 Samuel 26:21). Sí, el adicto necesita ser libertado y solo la verdad puede hacerlo.

Libro: Siete trampas del Enemigo.
Autor: Erwin Lutzer.
Editorial Portavoz.

Escrito por:   Erwin Lutzer.    Fecha de publicación  10/16/2009 4:16 PM
Número de visitantes  1585


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