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El principio maestro del Maestro

“... El que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor, y el que de vosotros quiera ser el primero, será siervo de todos”. Marcos 10:43, 44
Reconociendo la importancia que en la iglesia haya líderes competentes -y también en los negocios y el gobierno-podríamos esperar que la Biblia usara el término más a menudo. En realidad, la Biblia King James Versión (de la que se han nutrido muchos en mi generación) usa el término líder sólo seis veces. A este papel se le llama siervo con mucha más frecuencia. No leemos acerca de «Moisés, mi líder» , sino de «Moisés, mi siervo».
Y esto es exactamente lo que Cristo enseñó. Jesús era un revolucionario, no en el sentido de guerrillero, sino en su enseñanza sobre el liderazgo. El término siervo implica poco prestigio, poco respeto, poco honor. A la mayoría de las personas no les atrae un papel de poco valor como ese. Sin embargo, cuando Jesús usó el término, era sinónimo de grandeza. Y esa era una idea revolucionaria.
Cristo enseñó que el reino de Dios era una comunidad donde cada miembro servía al otro. Pablo escribió en el mismo sentido: «... Servíos por amor los unos a los otros» (Gá. 5:13). Nuestro amante servicio debería diseminarse también a los necesitados que nos rodean. Pero en la mayoría de las iglesias, sólo unas pocas personas llevan la carga.
Jesús sabía que la idea del líder como «amante siervo de todos» no agradaría a la mayoría de las personas. El asegurar nuestras propias comodidades físicas es una misión mucho más común. Pero «siervo» es el requisito para los que quieren guiar en su reino.
El agudo contraste entre nuestras ideas comunes acerca del liderazgo y la revolución que Jesús anunció en ninguna otra parte está más claro que en Marcos 10:42, 43: «... Sabéis que los que son tenidos por gobernantes de las naciones se enseñorean de ellas, y sus grandes ejercen sobre ellas potestad. Pero no será así entre vosotros, sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor, y el que de vosotros quiera ser el primero, será siervo de todos.»
Esta idea era tan revolucionaria que aun los más cercanos a Jesús, los discípulos Jacobo y Juan, usaron a la ambiciosa madre de ellos en un ardid para asegurar los cargos supe­riores en la venida del reino, antes de que los otros diez recibieran lo que les correspondía. Estos dos discípulos tomaron muy en serio la promesa de Jesús de sentarse en los tronos de gloria y juzgar a las tribus de Israel (Mt. 19:28), pero entendieron mal cómo llegar allí.
A pesar de la amistad de ellos, Jesús no cedió ni un palmo a sus campañas por los cargos. « ... No sabéis lo que pedís ... », fue su respuesta (Mt. 20:22). Jacobo y Juan querían la gloria, pero no la copa de vergüenza; la corona, pero no la cruz; el cargo de amo, pero no el de siervo. Jesús usó esa ocasión para enseñar dos principios de liderazgo que la iglesia jamás debe olvidar.
Si usted desea ser un verdadero líder o ya lo es y desea ser mejor, le animamos a estudiar el Curso Liderazgo Espiritual del Dr. Oswald Sanders.

Libro: Liderazgo Espiritual
Editorial Portavoz.



Escrito por:   Oswald Sanders.    Fecha de publicación  10/23/2009 4:36 PM
Número de visitantes  2010


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