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Lágrimas de arrepentimiento
Y Pedro, saliendo fuera, lloró amargamente. —Lucas 22:62

Mi esposo, un autotitulado analfabeto en informática, compró una computadora para ayudarlo en su negocio. Después de darle algunas sugerencias, lo dejé solo para que practicara un poco. Sin embargo, no pasó mucho tiempo antes de escuchar una voz, con un ligero tono de pánico, desde la oficina: «Oye, ¿dónde está ese… botoncito?»
Por supuesto, lo que mi esposo estaba buscando era la tecla de «deshacer», que nos permite retroceder cuando hemos cometido un error. ¿Alguna vez deseaste tener una tecla así en tu vida? ¿Una opción para anular, reparar o restaurar lo que el pecado ha roto o dañado?
Después del arresto de Jesús, Pedro, uno de Sus amados discípulos, negó tres veces que lo conocía. Luego leemos que, «vuelto el Señor», simplemente «miró a Pedro», quien «saliendo fuera, lloró amargamente» (Lucas 22:61-62). Lo más probable es que esas fueran lágrimas de vergüenza y arrepentimiento. Sin duda, habrá deseado poder deshacer sus acciones. Pero no quedó abandonado en la angustia. Después de Su resurrección, Jesús restauró a Pedro y le dio la oportunidad de reafirmar su amor (Juan 21:15-17).
Cuando llores por el pecado en tu vida, recuerda que Dios ha provisto un método de restauración. «Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad» (1 Juan 1:9).

El camino de regreso a Dios comienza con un corazón quebrantado

Escrito por:   Editores de Nuestro Pan Diario.    Fecha de publicación  12/8/2010 9:25 AM
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