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Modestia y autenticidad

Y cuando llegaba el tiempo de cada una de las doncellas para venir al rey Asuero, después de haber estado doce meses conforme a la ley acerca de las mujeres, pues así se cumplía el tiempo de sus atavíos, esto es, seis meses con óleo de mirra y seis meses con perfumes aromáticos y afeites de mujeres, entonces la doncella venía así al rey. Todo lo que ella pedía se le daba, para venir ataviada con ello desde la casa de las mujeres hasta la casa del rey. Ella venía por la tarde, y a la mañana siguiente volvía a la casa segunda de las mujeres, al cargo de Saasgaz eunuco del rey, guarda de las concubinas; no venía más al rey, salvo si el rey la quería y era llamada por nombre.  Ester 2:12-14

Ester demostraba una gran modestia y autenticidad. Piense en esto; no había que trabajar, responsabilizarse de nada, cocinar, limpiar, lavar, planchar, hacer diligencias, vigilar un presupuesto, cohibirse en ningún aspecto. ¡Figúrese! Como personas que eran complacidas en todo, y que disfrutaban de todas las comodidades en este narcisista harén de Persia, todo el énfasis giraba en el objetivo de convertir a estas mujeres en unas beldades. Tenían joyas, trajes, perfumes, cosméticos, todo lo que desearan, desde los pies a la cabeza.  En lo único que pensaban todas era ganar este certamen, agradar al rey y lograr su favor.  
Recuerde que, en ese tiempo, Ester no podía tener más de unos veinte años, y que incluso podía haber tenido menos. Esta era su oportunidad de toda una vida de hacer lo que deseara. Sin embargo, sigue siendo fiel a lo que le habían enseñado y se guía por el consejo de Mardoqueo, creyendo que él sabe lo que es mejor para ella. Ester no sucumbe a la tentación que la rodeaba, a la superficialidad, al narcicismo, a la seducción, a la egolatría.  Exhibe una gran modestia y autenticidad en medio del lujo desmedido. Por más irónico que pueda sonar, creo que la mayoría de las mujeres cristianas no utilizan los cosméticos para parecer falsas o para ser personas distintas a las que son. Las mujeres que admiramos usan cosméticos para realzar la belleza natural que ya tienen. Estoy seguro que así era con Ester.
Estoy convencido, francamente, que Ester se presentó ante el rey sin ningún temor, porque no estaba obsesionada por llegar a ser la reina. Su vida no giraba en torno a su aspecto físico ni tampoco en hacer feliz al rey. Estaba allí por una sola razón: porque sabía que la mano de Dios estaba sobre su vida; gracias a las circunstancias y a la sabiduría de Mardoqueo había sido llevada a ese lugar por alguna razón. Para utilizar una de mis expresiones favoritas, ella estaba segura y sabia ciertas cosas que le hicieron auténtica y modesta que significa falta de engreimiento o vanidad. Esta reina sabía:
1- Sabía cuál era su origen.
2- Sabía quién era.
3- Sabía lo que creía.
4- Y sabía que la mano de Dios estaba sobre su vida. 
Si era la voluntad de Dios que estuviera allí, si era parte de su plan, entonces ella lo aceptaba con gozo. Si no era así, también renunciaría a ello con todo gusto. Ester era modesta con su persona, y era auténtica.
¿Puede usted decir lo mismo usted? Después de todo, la mano de Dios está también sobre su vida.
Si desea conocer más a Ester, estudie la serie Seamos Dedicados en el Ciclo de Libros de la Biblia.

Escrito por:   Charles R. Swindoll.    Fecha de publicación  2/10/2011 10:23 AM
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