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La vida es una dádiva de Dios - Tercera Parte

Proteger la Vida:
De dar instrucciones a Noé sobre el derramamiento de sangre de animales, el Señor procedió a discutir un tópico aún más importante: el derramamiento de sangre humana. Hasta ese momento, la humanidad no tenía muy buenas calificaciones en lo que se refería al cuidado de unos a otros. Caín había matado a su hermano Abel (4:8), Lamec había acabado con la vida de un joven y se jactaba de ello (vv. 23-24), y la tierra se había llenado con toda clase de violencia (6:11, 13). Dios había puesto temor de los hombres en los animales, ¡pero ahora tenía que poner temor de Dios en los humanos para que no se destruyeran entre ellos!
Aquellos hombres que matan a sus semejantes tendrán que responder a Dios por sus actos, porque tanto hombres como mujeres están hechos a imagen de Dios.' Atacar a un ser humano es atacar a Dios, y el Señor traerá juicio sobre el ofensor. Toda vida es un don de Dios, y quitar la vida equivale a tomar el lugar de Dios. El Señor da vida y solo El tiene el derecho de autorizar que sea quitada (Job 1:21). ¿Pero qué dispuso Dios para castigar a los homicidas y,asegurar que se haga justicia y se mantengan la ley y el orden? El estableció el gobierno humano sobre la tierra y al hacerlo compartió con la humanidad el sorprendente poder de tomar la vida humana.
Ese es el tono del mandamiento de Dios en Génesis 9:6. El gobierno humano y la pena capital van de la mano, como Pablo explica en Romanos 13:1-7. Las autoridades gubernamentales llevan la espada y tienen derecho de usarla. Bajo la ley del Antiguo Testamento no había fuerzas de policía como las conocemos hoy en día. Si se cometía un homicidio, dependía de la familia de la víctima encontrar al culpable y llevarlo a la justicia.
Hay una diferencia entre homicidio y muerte involuntaria (Ex. 21:12-14), así que el Señor dio instrucciones a la nación de Israel para que se establecieran seis ciudades de refugio a donde podía huir el acusado de asesinato para su seguridad (Nm. 25:6- 34; Dt. 19:1-13). Los líderes de la ciudad protegían al acusado hasta que se pudiera investigar el caso; si se hallaba culpable al acusado, la familia de la víctima podía proceder con la ejecución. Puesto que el homicida había derramado sangre, también debía derramarse la sangre del asesino.
El gobierno fue establecido por Dios porque el corazón humano es malo (Gn. 6:5) y el temor al castigo puede contribuir a reprimir posibles violadores de la ley. La ley puede reprimir pero no puede regenerar; sólo la gracia de Dios puede cambiar el corazón humano (Jer. 31:31-34; He. 8:7-13). Pero si se permitiera a individuos, familias o grupos que trataran a su propio modo las ofensas, la sociedad estaría en una situación de caos permanente.
El gobierno humano tiene sus debilidades y limitaciones, pero es mejor que la anarquía y que permitir a la gente hacer lo que es justo en sus propios ojos Oue. 17:6; 18:1; 19:1; 21:25). Dios ordenó y estableció tres instituciones sobre esta tierra: el matrimonio y la familia (Gn. 1 :26-28; 2:18-25), el gobierno humano (9:5-6), y la iglesia (Mt. 16:13-19; Hch. 2). Cada una de estas instituciones tiene su propia esfera de responsabilidad y no puede substituirse una por otra. La iglesia empuña la espada del Espíritu (He. 4:12), no la espada de justicia (Ro. 13:4; Jn. 18:36); pero si el gobierno interfiere con asuntos de conciencia cristiana, los creyentes tienen derecho a desobedecer (Hch. 4:18-20).
Los que se oponen a la pena capital preguntan, « ¿Acaso la pena capital previene el crimen?» ¿Pero es que acaso alguna ley impide el crimen, incluyendo leyes de estacionamiento y de exceso de velocidad? Quizás no tanto como quisiéramos, pero el castigo de los infractores sí contribuye a que la sociedad respete y honre la ley y la justicia. Nadie sabe cuántas personas aprenden al ver a otros condenados, y piensan dos veces antes de quebrantar la ley. La ley también ayuda a proteger y compensar a gente inocente que es víctima de conductas delictivas. No todo lo que es legal es bíblico. Sin importar lo que digan filósofos, parlamentos y cortes, la orden de pena capital establecida por Dios empieza con la expresión “El que derramare sangre“ dando a entender que se aplica a cualquier persona. Fue una ley dada por Dios para ser respetada y obedecida por todos los pueblos.
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Escrito por:   Warren Wiersbe.    Fecha de publicación  3/25/2011 4:39 PM
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