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¡Cuando Dios ponga una carga en su corazón no trate de escapar!

Nehemías era la clase de persona que sí se preocupaba. Se preocupaba por las tradiciones del pasado y por las necesidades del presente. Se interesaba por las esperanzas de futuro. Se interesaba por su herencia, por su ciudad ancestral y por la gloria de Dios. Manifestó su actitud de interés en cuatro formas diferentes, ya vimos que “Se preocupó lo suficiente como para preguntar (Neh. 1:1-3)”. Ahora vemos que este líder:
Se preocupó lo suficiente como para llorar (Neh. 1:4)
Lo que hace que una persona ría o llore es a menudo una indicación de carácter. Los que se ríen de los errores o desgracias de otros, o que lloran acerca de desilusiones personales triviales, carecen de educación o de carácter, y posiblemente de ambos.
A veces llorar es una señal de debilidad; pero en el caso de Nehemías fue una señal de fortaleza, como lo fue también con Jeremías (Jer. 9:1), Pablo (Hch. 20:19), y el Señor Jesús (Le. 19:41). En realidad Nehemías fue como el Señor Jesucristo en que estuvo dispuesto a compartir la carga que aplastaba a otros. "Los vituperios de los que te vituperaban, cayeron sobre mí" (Sal. 69:9; Ro. 15:3).
Cuando Dios ponga una carga en su corazón no trate de escapar de ella, porque si lo hace se perderá la bendición que Dios planeaba para usted. El libro de Nehemías empieza con "gran mal y afrenta" (Neh. 1:3), pero antes de terminar hay gran gozo (8:12, 17). "Por la noche durará el lloro, y a la mañana vendrá la alegría" (Sal. 30:5). Nuestras lágrimas riegan las "semillas de providencia" que Dios ha plantado en nuestro camino; y sin nuestras lágrimas, esas semillas nunca podrían crecer y dar fruto. Los judíos acostumbraban a sentarse cuando lloraban (Esd. 9:1-4; 2:13). Nehemías estaba imitando inconscientemente a los judíos cautivos que habían lamentado su exilio años antes (Sal.137:1). Como Daniel, Nehemías probablemente tenía un cuarto privado donde oraba a Dios con su rostro mirando hacia Jerusalén (Dn. 6:10; 1 R. 8:28-30). El ayuno solo se requería de los judíos una vez al año, en el Día de la expiación (Lv. 16:29); pero Nehemías dedicó varios días al ayuno, a llorar y orar. Sabía que alguien tenía que hacer algo para rescatar a Jerusalén y él estaba dispuesto a hacerlo.
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Escrito por:   Warren Wiersbe - Seamos Decididos    Fecha de publicación  4/29/2011 3:05 PM
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