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Cruda realidad - Job

Después de esto abrió Job su boca, y maldijo su día. Y exclamó Job, y dijo: Perezca el día en que yo nací,… ¿Por qué no morí yo en la matriz, o expiré al salir del vientre?...Pues ahora estaría yo muerto, y reposaría;  dormiría, y entonces tendría descanso…¿Por qué se da vida al hombre que no sabe por donde ha de ir, y a quien Dios ha encerrado? Porque el temor que me espantaba me ha venido, y me ha acontecido lo que yo temía. No he tenido paz, no me aseguré, ni estuve reposado; No obstante, me vino turbación. Job 3:1-26

Si existiera una película sobre la vida de Job y su familia, la hubiera alquilado para verla esta noche, al llegar a esta parte de la historia la habría adelantado; no habría querido que sus hijos la vieran.  Es que esta parte del capítulo tres, no sólo no está editada, ¡sino es muy cruda y casi raya en lo herético!  
Parte de la historia es francamente odiosa.  No queremos creer que un hombre tan excelente como Job, al que vimos en los capítulos 1 y 2, sea el mismo que usted encuentra en el capítulo 3.  Simplemente, no queremos creerlo.  ¿Por qué razón? En parte, porque tenemos la falsa idea de que cualquiera que tiene una vida de intimidad con Dios no tendrá nunca jamás problemas en su vida.  Después de todo, “Dios le ama y tiene un plan maravilloso para su vida.”  ¿Correcto? Usted supo muy bien, después de una semana de haberse convertido, que no podría desarrollar alas para remontarse sobre los problemas de la vida.  
Tenemos que entender que el “plan maravilloso” de Dios es maravilloso desde su perspectiva, no desde la suya o la mía.  Para nosotros, “maravilloso” significa comodidad, salud, todas las facturas pagadas, cero deudas, cero enfermedades, un matrimonio feliz con dos hijos de buena conducta, un trabajo gratificante y bien pagado, y a la expectativa de muchas bendiciones, éxitos y prosperidad todo el tiempo.  Eso es “maravilloso” para nosotros, pero el plan maravilloso de Dios no es así.
Job nos hace volver a la realidad, a la clase de realidad de Dios.  ¿Recuerda la pregunta que le hizo Job a su mujer?  “Recibimos el bien de parte de Dios, ¿y no recibiremos también el mal?  ¿Recuerda, también, sus palabras finales? “En todo esto Job no pecó con sus labios” (Job 2:10).
Pero este mismo hombre pronto parece ser otra persona, por eso Job capítulo 3 nos inquieta tanto.  No queremos que nuestro héroe piense o hable de la manera que lo hace aquí. No parece ser ya un hombre de Dios. Tiene incluso, la osadía de decir al final: “Estoy intranquilo. Estoy molesto. Estoy confundido.”  ¿Qué le ha sucedido? Es que se nos ha permitido conocer el lado pesaroso de Job, que es tan real como cualquiera de nosotros en el día de hoy, pero con la diferencia de que Job lo revela todo. Por fortuna, Job nos recuerda que aun los buenos se pueden deprimir.  
¿Se ha deprimido usted seriamente alguna vez? No lo olvide, Dios sigue estando allí.

Escrito por:   Charles R. Swindoll    Fecha de publicación  7/14/2011 11:41 AM
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