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En el Negocio de la Pesca - Segunda Parte

Segundo: Podemos pescar con seguridad porque estamos obedeciendo la orden de Cristo.
A pesar de sus dudas, Pedro dijo: ... más en tu palabra echaré la red (Lc. 5:5). No sabemos si él realmente pensó que pescaría algo, u obedeció la palabra de Cristo esperando halar las redes sólo para que salieran vacías una vez más. Así Pedro no hubiera cogido ni un solo pez, deberíamos felicitarle por el sólo hecho de que hizo lo que el Maestro le ordenó. Sin embargo, por su obediencia, la pesca fue tan grande que otros también fueron bendecidos con el milagro. Ahora que Pedro era socio con Cristo, otros se le unieron logrando la misma condición. Tuvo que hacerle señas a un segundo bote para que viniera porque las redes estaban comenzando a romperse!
Dios no nos necesita para hacer su trabajo en la tierra; El pudo haberle ordenado a los peces que brincaran al bote de Pedro sin usar una red, o que nadaran hacia la orilla para ser pescados por las multitudes hambrientas que caminaban por ahí. Bien podía Él hablar, y los pecadores arrepentirse; o salvar a los elegidos como lo hizo con Saulo en el camino a Damasco.
Nosotros podríamos ser sólo espectadores mientras Dios hace su trabajo en la tierra, pero El, por su gracia, ha ordenado que seamos sus colaboradores durante el tiempo que vivamos aquí. Tenemos el privilegio de tirar las redes, y de traer los pescados a la playa. El nos hace socios en su empresa de pesca porque desea enseñarnos más acerca de sí mismo. ¡De una forma increíble, nos ha escogido para llevar a cabo la tarea encomendada por Él!
No debemos evadir la responsabilidad de pescar hombres porque no nos sentimos suficientemente espirituales, o porque no sabemos bastante, aunque estos factores son muy importantes. Debemos caminar más cerca de Dios, estudiando y aprendiendo cómo compartir la fe. Pero todas nuestras excusas se desvanecen en la presencia del Cristo Soberano. Si Dios nos ha ordenado ser sus testigos, ¿no están los resultados en sus competentes manos? ¿y qué sucede si lanzamos nuestra red y no pescamos nada? Hagamos lo que hace todo pescador: Tirémosla de nuevo, y tal vez en las mismas aguas. Nuestro éxito o fracaso no depende del número de pescados que saquemos, sino de nuestra obediencia a la orden de Cristo. Pescar hombres no significa que le debemos testificar a cada persona que conozcamos, o imponerle las Buenas Nuevas a aquellos que son indiferentes a su bienestar espiritual. He aprendido que cuando estamos espiritualmente alerta, con frecuencia Dios prepara los corazones de la gente, y crea en ellos el hambre espiritual que precede a "la pesca". El hace que los pescados naden en dirección a la red. En diversas oportunidades simplemente debemos orar y esperar hasta que el Pescador Celestial les traiga en nuestra dirección.
Los pescadores exitosos saben cómo usar sabiamente la carnada. Ellos conocen su equipo y estudian los hábitos de los peces, pero también saben que lo único que pueden hacer es lanzar la red, y que sólo el Señor puede llenarla conforme a su voluntad.

Escrito por:   E. Lutzer - Cincelado por la mano del Maestro    Fecha de publicación  7/27/2011 4:20 PM
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