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La Santificación... y la Palabra de Dios - Primer parte

No solamente Dios y yo tenemos parte en el proceso de santificación, sino que hay otros medios de gracia que se revelan en las Escrituras.
1. La Palabra de Dios.
Ya hemos observado que el Señor oró para que el Padre santificara a los creyentes por medio de la Palabra (Jn. 17: 17). La iglesia primitiva consideró de gran importancia el continuar en la doctrina de los apóstoles (Hch. 2:42). Nuestro Señor mismo sirve del mejor ejemplo de la necesidad de usar debidamente la Palabra para enfrentarse con la tentación (Mt. 4: 1-1 1). El centro de los viajes misioneros de San Pablo fue siempre la predicación de la Palabra de Dios (Hch. 1 3:5, 44, 46; 17:2; 1 8:4; 20:32). Para la santificación, el uso de la Palabra es básico y crucial. Esto incluye todos los aspectos de la Palabra de Dios. De la misma manera que los niños pequeños desean la leche sin adulteración del pecho de la madre, así el creyente debe continuar deseando la leche espiritual, pura, que se encuentra en la Biblia (1P. 2:2). La frase « como niños recién nacidos» no significa que la leche de la Palabra es válida únicamente para los recién convertidos.
Más bien representa una analogía entre el deseo de cada recién nacido y lo que debiera ser el anhelo de todo creyente. Ninguno de nosotros hemos superado la necesidad de meditar sobre los aspectos básicos de la Palabra. El problema no es que los cristianos maduros evitan utilizar la leche de la Palabra, sino que, desgraciadamente, la mayoría de cristianos se contentan con no pasar del estado infantil espiritual. Así que las verdades que son « alimento sólido» de la Biblia deben también formar parte de la dieta del creyente, para que tenga una espiritualidad bien fundada y desarrollada. Hay dos extremos que debemos evitar en el uso de la Biblia para santificación. A uno podemos llamarle esquizofrenia espiritual que es un « tipo de psicosis caracterizada por la pérdida de contacto con el medio ambiente y por la desintegración de la personalidad».
En otras palabras, el esquizofrénico espiritual es aquella persona que nunca deja la Biblia establecer contacto con la situación de la vida en la cual se encuentra él. Su ortodoxia no tiene reproche, pero su ortopraxis deja mucho que desear. O en las palabras de las Escrituras es un oidor y no un hacedor de la Palabra. Su conocimiento de la Palabra no va integrado con sus hábitos de vida. Nunca debemos desunir la doctrina de la práctica.
 
La doctrina que no es práctica no es saludable, y la práctica que no es doctrinal no esta bien cimentada.

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Escrito por:   C. Ryrie - Equilibrio en la Vida Cristiana    Fecha de publicación  7/7/2012 11:18 PM
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