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Grandes cosas
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 “Tú has hecho grandes cosas, oh Dios, ¿quién como Tú?” (Sal.71:19).
Se llama a este Salmo, el Salmo para la vejez. No cabe duda que fue escrito por un anciano. De ese hermoso pasaje tomo para nuestra reflexión la frase escrita arriba. Todo el Salmo tiene palabras de fe que ha probado la bondad de Dios durante una larga vida, con muchas pruebas, pero, en cada momento había experimentado el poder de Dios para librar de ellas. El ocaso de su vida está cercano; su sol a punto de ponerse; en el cielo hay todavía nubes, algunas amenazantes, pero, sobre todo, hay una luz que las transforma. Es el canto jubiloso de quien mirando atrás descubre y reconoce el cuidado de Dios en todo momento. No podemos dejar de reconocer esta verdad. Dios es el hacedor de grandes cosas. Basta recordar la enseñanza bíblica para entenderlo claramente. Hizo grandes cosas cuando creó los cielos y la tierra. Esta creación emocionó a los ángeles que estaban viéndolo, y fueron llevados a regocijarse (Job. 38:7). Dios ha hecho grandes cosas a favor de Su pueblo a lo largo de todos los siglos. Pero, sin duda, lo más grande que hizo fue la obra de salvación. Envió a su Hijo desde el cielo para que muriera por nosotros en la Cruz. Nada más grandioso que esto, porque es la expresión de un amor infinito orientado hacia nosotros. No teníamos derecho a ser amados, pero Él nos amó. No teníamos razón alguna para ser adoptados como hijos suyos, pero Él lo hizo. Dios ha hecho grandes cosas en nuestra salvación. Él hizo grande la obra de esperanza en nosotros. No estamos esperando cosas, sino que su Hijo se hizo esperanza en nosotros (Col. 1:27). En nuestra experiencia Dios ha hecho cosas asombrosas con nosotros. Su magna obra se aprecia cuando estamos pasando por momentos de aflicción. No es necesario resaltar las situaciones, en ellas Dios ha hecho grandes cosas. En nuestra reflexión personal podemos decir como el salmista: “Tú eres mi roca y mi fortaleza”. Oramos pidiendo que nos libre de la mano del enemigo y le hemos dicho: no tengo a nadie, pero Tú eres mi esperanza. En nuestras flaquezas le hemos rogado: “Oh Dios, no te alejes de mí; Dios mío, acude pronto en mi socorro” y respondió con su promesa: “Mi presencia irá contigo y te daré descanso”. Puede parecer que nuestra alma se ha secado y que solo nos espera un futuro en medio de nostalgia y lamentos, pero Él va a intervenir haciendo grandes cosas, restaurándonos, afirmándonos, consolándonos y estableciendo delante de nosotros un futuro que no sabremos nunca hasta donde puede llegar, lleno de paz, de ilusión y de esperanza. Quienes experimentan los grandes hechos de Dios no podrán por menos que ser agradecidos. Su misericordia nos saca desde la angustia a lugares de aliento y esperanza. El salmista había pasado por grandes angustias pero esperaba grandes bendiciones. No importa cuan bajo nos permita descender, Él pondrá un límite y a su tiempo nos hará subir (v. 20). Entonces diremos “¿Quién como Tú?”. La fe nos lleva a anclarnos en la esperanza segura de que Él hará. Le encomendamos ahora nuestro camino, descansamos y confiamos en Su gracia, desde esa dimensión el futuro se hace ya maravilloso para nosotros. Seguimos en la senda que Él estableció, sabiendo que camina a nuestro lado y nos da las fuerzas necesarias para cada día. Si nuestra fe vacila, podemos pedirle ahora: “Señor auméntanos la fe”. La paz será nuestro tesoro porque Dios ha hecho y hará grandes cosas con nosotros.
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Escrito por:
Pastor Samuel Pérez Millos
Fecha de publicación
7/24/2012 2:37 PM
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