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Dios esta atento a los suyos

”Cumplirá el deseo de los que le temen; oirá asimismo el clamor de ellos y los salvará ” (Sal. 145:19).
Estaba leyendo este Salmo y mi atención se detuvo en el versículo seleccionado. Lo he leído muchas veces, pero nunca me impactó tanto como hoy. La promesa es sólo para los que le temen, es decir, los que lo respetan con reverencia y lo aman con intensidad. Es una promesa doble, o si lo prefieres, son dos promesas de Dios; mirémoslas atentamente.
La primera es atender al deseo de los que le temen. No el deseo que surge del sentimiento de la persona, sino el que produce el Espíritu en nosotros. El temor del Señor conduce al creyente a vivir una vida de identificación con Él, buscando y deseando sólo aquello que le satisface. “El mismo Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues que hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles” (Ro. 8:26). Quien teme a Dios vive bajo la influencia del Espíritu y su deseo es glorificarle en todo. Vive siguiendo al Señor, que en el momento de mayor angustia decía al Padre: “no se haga mi voluntad, sino la tuya”. Por esta causa, porque busca la respuesta a la oración en sintonía con Dios, será contestado. Sus peticiones atendidas conforme al deseo que
Dios mismo despertó en él.
La segunda asegura la atención que Dios presta al clamor de ellos. Clamor es la expresión profunda de un alma que está en aflicción grande, de una vida cuya experiencia es la de ser afligido por la injusticia de los hombres o, lo que es más angustioso, por la de sus propios hermanos. Es lo que ocurre con quien respeta profundamente a Dios, porque “todo aquel que quiera vivir piadosamente, padecerá persecución” (1 Ti. 3:12). Los que tiene apariencia de piedad, pero niegan la eficacia de ella (1 Ti. 3:5) procurarán angustiar tu vida y entonces, el clamor de tu alma subirá a la presencia de Dios. El Señor cumple siempre sus promesas, cuando él dice que oirá el clamor de ellos, no lo dudemos ni un instante. Ahora mismo está atento a nuestros gemidos y escuchando nuestro clamor.
Pero aún hay más. No solo oirá el clamor, sino que los salvará. Nada hay que pueda interponerse en la salvación de Dios. Los hombres y los ángeles, las fuerzas adversas y los temporales más violentos son como nada ante Su poder omnipotente. El que mandó calma en el temporal que sacudía la barca en que iba con sus discípulos y se produjo una gran bonanza, puede repetirla ahora mismo con nuestras dificultades y angustias y sacarnos a una nueva experiencia de paz. El viene ahora a nuestro encuentro para decirnos: no temas, yo te salvo .
Podemos tener amigos que nos aman, pero posiblemente están demasiado lejos para ayudarnos en una necesidad urgente; sin embargo, nuestro Dios nunca está demasiado lejos para auxiliarnos. Él es omnipotente, pero también está lleno de amor hacia nosotros. No nos dará todo lo que deseamos, porque seguramente no nos sería bueno, pero nos dará todo cuanto necesitemos. Quienes siente respeto por Dios, tendrán tanto de Él como sean capaces de recibir.

Escrito por:   Pastor Samuel Pérez Millos    Fecha de publicación  9/25/2012 11:50 AM
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