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Dios Proveerá
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 “Y llamó Abraham el nombre de aquel lugar, Jehová proveerá” (Gn. 22:14). Dos preguntas vitales para el creyente, ¿Quién es Dios? y ¿Cómo es Dios?. A la primera responden los nombres de Dios, a la segunda los atributos de Dios. En la antigüedad los nombres revelaban alguna característica personal. Hay varios nombres para referirse a Dios, algunos son simples y otros compuestos. Vamos a tomar siete de estos nombres para nuestro aliento semanal, comenzando por este primero que aparece en el texto seleccionado para hoy. A la pregunta ¿quién es Dios? el versículo responde: es el que da la provisión necesaria. La Biblia enseña como Él cuida de todo y “da alimento a toda carne” (Sal. 36:25) y “riega los montes desde sus aposentos” (Sal. 104:13). La misma providencia es para las aves, dando alimento a cada una y a sus polluelos (Job. 38:41). En el momento en que Abraham pronuncia el nombre Jehová proveerá, había pasado por la experiencia de una provisión divina para ocupar el lugar de su hijo Isaac. Para nosotros ese nombre es símbolo de bendición. Dios ha provisto para cada uno de sustituto para la solución del problema del pecado, en la persona de su Hijo. La provisión es admirable, porque es incomprensible. Dios envío a su Hijo para morir por los pecadores que no merecíamos ninguna gracia por Su parte. Este es el Dios que “adereza mesa en presencia de nuestros angustiadores” (Sal. 23:5). Es que guarda a los que le temen y muestra Su bondad para nosotros continuamente. Es más, por si la provisión diaria fuese corta hizo también provisión de una “herencia celestial, incorruptible, incontaminada e inmarcesible, reservada en los cielos” (1 P.1:3-4). Miro ahora desde la incómoda senda de mi vida y saludo a lo lejos el hogar celestial que el Dios que provee está preparando para mí, mientras me dice en medio de mis dificultades y tristezas: “no se turbe tu corazón”. Dios hace provisión de protección. Su compromiso es solemne: “no se dormirá el que te guarda… Él te guardará de todo mal… guardará tu salida y tu entrada desde ahora y para siempre” (Sal. 121:3-8). En medio de las aflicciones de la vida, encuentro refugio seguro y “en la sombra de sus alas me ampararé hasta que pasen los quebrantos” (Sal. 57:1). En las tempestades de mi existencia, cuando todo se sacude y mi alma se estremece por la violencia de la tormenta, se que Él es “fortaleza al menesteroso en su aflicción, refugio contra el turbión, sombra contra el calor” (Is. 25:4). Da además provisión sustentadora, apoyándome en mi debilidad, porque “el eterno Dios es mi refugio. Y acá abajo los brazos eternos” (Dt. 33:27). Tal vez esté a punto del desaliento y no sienta gozo, pero Él me dice: “no temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia” (Is. 41:10). Nunca reprochará mi inquietud, ni tendrá en cuenta mi falta de fe, porque “Él mismo padeció siendo tentado y es poderoso para socorrer a los que son tentados”. Es el Dios de la restauración. Anímate, alma mía, porque Jehová proveerá, y tenga la certeza de que “quien no escatimó a su Hijo, me dará también con Él todas las cosas”.
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Escrito por:
Pastor Samuel Pérez Millos
Fecha de publicación
11/13/2012 4:04 PM
Número de visitantes
648
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