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¡El niño de Belén era Dios y era hombre!

Una canción dice: Nació como un bebé pequeño nada más, como uno entre tantos que a la vida nacen ya.No ocurrió nada más, era un niño. Nació y ninguno pregunto si de mayor Él tendría gran poder para sanar, si andaría por el mar. Era un niño, nació y ninguno pregunto si iba a morir, si la gente algún lo iba odiar si sería el Redentor, si traería libertad. ¡Pero ese niño que nació en Belén era Dios y era hombre!
La Biblia presenta muchos contrastes, pero ninguno más sorprendente que aquel que Cristo en su persona debería ser al mismo tiempo verdadero Dios y verdadero hombre. Las ilustraciones de estos contrastes en las Escrituras son muchas:
- El estuvo cansado (Jn. 4:6). El ofreció descanso a los que estaban trabajados y cargados (Mt. 11 : 28).
- El tuvo hambre (Mt. 4:2) y El era «el pan de vida» (Jn. 6 : 35).
- El tuvo sed (Jn. 19:28) y El era el agua de vida (Jn. 7:37).
- El estuvo en agonía (Lc. 22:44), y curó toda clase de enfermedades y alivió todo dolor. Aunque había existido desde la eternidad (Jn. 8 : 58).
- El creció «en edad» como crecen todos los hombres (Lc. 2:40).
- Sufrió la tentación (Mt. 4 : 1) y, como Dios, no podía ser tentado.
- Se limitó a si mismo en su conocimiento (Lc. 2 : 52), aun cuando El era la sabiduría de Dios.
- Refiriéndose a su humillación, por la cual fue hecho un poco menor que los ángeles (He. 2:6-7), El dice: «Mi Padre es mayor que yo» (Jn. 14:28); y «Yo y el Padre uno somos» (Jn. 10 : 30), y «El que me ha visto a mí, ha visto al Padre » (Jn. 14:9).
- El oraba (Le. 6 : 12), y El contestaba las oraciones (Hch. 10:31).
- Lloró ante la tumba de Lázaro (Jn. 11 : 35), y resucitó a los muertos (Jn. 11:43).
- El preguntó: «¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre?» (Mt. 16: 13), y «no tenía necesidad de que nadie le diese testimonio del hombre, pues él sabía lo que había en el hombre» (Jn. 2 : 25).
- Cuando estaba en la cruz exclamó : «Dios mío, Dios mio, ¿por qué me has desamparado? (Mr. 15:34). Pero el mismo Dios quien así clamó estaba en aquel momento «en Cristo reconciliando al mundo a sí» (2 Co. 5 : 19).
- El es la vida eterna ; sin embargo, murió por nosotros.
El es el hombre ideal para Dios y el Dios ideal para el hombre. De todo esto se desprende que el Señor Jesucristo vivió a veces su vida terrenal en la esfera de lo que es perfectamente humano, y en otras ocasiones en la esfera de lo que es perfectamente divino. Y es necesario tener presente que el hecho de su humanidad nunca puso límite, de ningún modo, a su Ser divino, ni le impulsó a echar mano de sus recursos divinos para suplir sus necesidades humanas. El tenía el poder de convertir las piedras en pan a fin de saciar su hambre ; pero jamás lo hizo.
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Escrito por:   L.P. Chafer - adaptado por el BBNBI    Fecha de publicación  12/9/2012 10:55 PM
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