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DIOS ES JUSTICIA

“En sus días será salvo Judá, e Israel habitará confiado; y éste será su nombre con el cual le llamarán: Jehová, Justicia nuestra” (Jer. 23:6).
En las últimas semanas nos hemos preguntado: ¿Quién es Dios? y la Biblia nos ha contestado: El que provee, el que sana, el que es bandera, el que es paz, el que es pastor. Hoy nos lleva a otra respuesta con otro nombre: Es nuestra justicia. Este nombre nos habla de dos cosas: de la Persona Divina, Jehová; de la obra suya: justicia nuestra. Aparece en un contexto de esperanza en medio de una situación de dificultad. Dios anunciaba un tiempo de angustia, donde no cabía el optimismo, pero dirige la atención hacia un horizonte de bendición, indicándoles que sería el resultado del obrar de Su justicia. Entonces, dice el Señor, me llamarán: “Jehová, Justicia nuestra”. Dios es justo, por tanto, es equitativo en sus acciones para con los hombres.
La justicia impide que Dios se desvíe de la más absoluta rectitud, porque “en Él no hay mudanza, no sombra de variación” (Stg. 1:17). Esa perfección divina trajo como consecuencia la obra de Jesucristo. Cuando estábamos condenados por nuestros pecados y la justicia de Dios demandaba la muerte del pecador, envió a su Hijo para responsabilizarlo de nuestras iniquidades, cargarlo con nuestro pecado, herirlo por nuestras rebeliones, para hacer posible nuestra paz por su obra y nuestra sanidad espiritual traspasándole a él nuestras heridas. La Cruz es la mayor dimensión de este nombre, porque “cuando vino el cumplimiento del tiempo Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley, para que redimiese a los que estaban bajo la ley, a fin de que recibiésemos la adopción de hijos” (Gá. 4:4). Quiere decir que porque es justicia nuestra, hace posible que seamos sus hijos, porque su Hijo canceló con su muerte todo lo que la justicia divina demandaba de nosotros.
Dios es justo en el modo de tratarnos ahora. Cada momento de nuestra vida está bajo la dimensión de Su justicia. Pareciera que cuando estamos en la aflicción no nos trata justamente, pero la Biblia nos hace entender Su modo de actuar: “Conozco, oh Jehová, que tus juicios son justos, y que conforme a tu fidelidad me afligiste. Sea ahora tu misericordia para consolarme, conforme a lo que has dicho” (Sal. 119:75, 76). Mis problemas no son ajenos a la justicia de Dios, su fidelidad me sustenta en medio de la prueba y su misericordia está pronta para consolarme. Pero todavía más, ¿qué haré cuando soy cuestionado, confrontado, acusado? ¿Qué haré cuando otros se levanten contra mí sin causa? Tan solo dejar que Jehová, justicia nuestra, actúe en mi defensa. Es difícil, pero es eficaz: “Encomienda a Jehová tu camino, y confía en Él; y Él hará. Exhibirá tu justicia como la luz y tu derecho como el mediodía” (Sal. 37:5-6). Tengo completa seguridad porque “Yo se que Jehová tomará a su cargo la causa del afligido, y el derecho de los necesitados” (Sal. 140:12). ¡Que gran bendición! Mi alma pregunta: ¿Quién es Dios? y Él mismo me responde: Yo soy Jehová, tu justicia. Pongo ahora mis cargas en Su mano, mis lágrimas en su redoma, mi aflicción en su regazo y siento profunda calma en mi alma porque se que Él es Jehová, justicia mía.


Escrito por:   Pastor Samuel Pérez Millos    Fecha de publicación  12/17/2012 1:05 PM
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