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El regalo
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 "Y a vosotros..., ahora os ha reconciliado en su cuerpo..., por medio de la muerte, para presentaros santos y sin mancho" -Colosenses 1:21-22 Nos referimos a la Navidad como la época de dar. La mayoría de la gente se esfuerza por encontrar regalos que les gusten a sus amigos y familiares, pero no todos son iguales. Algunos contienen una indirecta sutil, como una máquina para hacer ejercicios o un libro con dietas para adelgazar. Otros reflejan lo que le gustaría recibir al que lo da. Pero los mejores regalos provienen de alguien que nos ama y sabe qué queremos. La Navidad pasada, el pastor de mi iglesia, nos desafió a que pensáramos de otro modo en la venida de Cristo. Sabemos que Jesús es el regalo perfecto de Dios para nosotros (Romanos 6:23), pero el pastor agregó otro concepto: su venida a la tierra podría considerarse como un regalo de Jesús a su Padre. Jesús amaba al Padre y sabía que lo que más quería era que nosotros, su creación, fuéramos reconciliados con Él. Mediante su encarnación, Jesús hizo posible que nos convirtiéramos en un regalo santo y sin mancha para Dios (Colosenses 1:22). Pensar que somos un regalo para Dios nos insta a querer ser un presente que merezca su costo, «agradándole en todo, llevando fruto en toda buena obra, y creciendo en el conocimiento de Dios» (v. 10).
El mayor Regalo de Dios debe despertar nuestra gratitud más profunda
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Escrito por:
Editores de Nuestro Pan Diario
Fecha de publicación
12/20/2012 9:56 AM
Número de visitantes
511
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