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EL PAN DE VIDA
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 “Yo soy el pan de vida” (Jn. 6:48). Hay una pregunta sensible que requiere una respuesta precisa: ¿Quién es Jesús?. Tiene, sin duda, varias contestaciones bíblicas, pero, Jesús mismo responde a ella mediante siete afirmaciones que hace sobre su Persona y que están todas ellas en el Evangelio según Juan. Será bueno que tomemos una cada semana, porque nuestra mayor necesidad es tener claro quien es Jesús. Esta es la primera respuesta, enfática, precisa: “Yo soy el pan de vida”, sólo Él y nadie más que Él es el pan de vida, que descendió del cielo y “se hizo carne para habitar entre nosotros” (Jn. 1:4). Es el único que puede dar vida, porque siendo Dios,”en Él estaba la vida y la vida era la luz de los hombres” (Jn. 1:4). Este pan del cielo es dado por Dios como manifestación de amor (Jn. 3:16). Dios dio a su Hijo por amor hacia los transgresores, rebeldes e ingratos. El pan de vida es en sí mismo una manifestación de la gracia. Quienes sólo teníamos como derecho la condenación eterna, hemos sido librados por la entrega del Salvador. La primera bendición tiene que ver con la manifestación de un amor incomprensible hacia nosotros. Puedo ver la obra de Jesús y saber que “El Hijo de Dios me amó, y se entregó a sí mismo por mí” (Gá. 2:20). Nunca estaré sin amor en un mundo lleno de odios, porque nada podrá separarme de quien siendo el Pan de Vida, es también amor infinito. Podré sufrir en mi existencia, podrá apagarse en cualquier momento mi vida, pero tengo vida eterna en quien es el Pan de Vida. Esa certeza produce una profunda paz. Oigo a Jesús: “Yo soy el pan de vida”, y sé que puedo hallar satisfacción personal para cualquier situación de inquietud. Mi corazón está a veces en angustia. Las lágrimas incontenibles por el conflicto fluyen. La debilidad del cuerpo se manifiesta, agostado por la enfermedad. Tal vez la familia se resquebraje y sienta la aflicción de la soledad. Todo esto y otras muchas experiencias más, producirán una pregunta sin respuesta que gravita sobre el alma: ¿Por qué Señor? No hay respuesta humana para ella. Siento una devoradora hambre de paz y una angustiosa necesidad de quietud. ¿Cómo encontraré una respuesta a mi aflicción? Esta es la respuesta: “Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre” (Jn. 6:35). La inquietud desaparece y la angustia acaba cuando vamos a Jesús. ¿Me siento solo? “Tú estarás conmigo”. ¿Estoy tan cansado que necesito aliento para dar un paso más? “Tu vara y Tu cayado me infundirán aliento”. ¿Me siento rodeado de angustiadores? “Aderezas mesa delante de mí, en presencia de mis angustiadores”. ¿Qué más podría ocurrir? ¿Estoy en profunda angustia? “Con él estaré yo en la angustia”. El secreto está en ir a quien es el pan de vida. Necesito recuperar la persona y la presencia de Jesús. Es posible que estés hambriento porque te sustentas con las migajas de la religión y el alimento sin contenido de la tradición. Es necesario volver al Pan de vida. ¡Oh, Señor! Quiero salir de un alimento sin sustancia para saciarme de Ti mismo. Dame ahora lo que necesito. Quiero oírte decir en mi necesidad: “Yo soy tu salvación”.
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Escrito por:
Pastor Samuel Pérez Millos
Fecha de publicación
1/14/2013 9:42 AM
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