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Desorientación, Consecuencia y Bedición

“Yo me fui llena, pero Jehová me ha vuelto con las manos vacías… así volvió Noemí… y llegaron a Belén” (Rt. 1:21-22).
Los dos personajes del libro son Noemí y Rut. De la primera tratan estos dos versículos, y en ellos tenemos una importante lección para nuestras vidas.
Primeramente se destaca la desorientación. El pueblo de Israel había llegado a una situación de penuria “hubo hambre en la tierra”, como consecuencia de haber dejado a Dios. Tanto Noemí como su esposo pensaron que podían resolver el problema saliendo de Israel y yéndose a Moab donde podían encontrar provisión para su necesidad. Estaban verdaderamente desorientados. No llegaban a entender que los problemas y las situaciones adversas en la vida de un creyente se producen siempre por concesión divina. Dios estaba permitiéndoles pasar por aflicción para atraerlos más a Él. El Señor no quiere que los suyos sufran, pero, cuando es necesario consiente en la experiencia de las pruebas para fortalecer la fe y hacer que descansen sólo en la gracia divina. La prueba se mantendrá hasta que haga el efecto provechoso para la que fue enviada. Nadie podrá aliviar la dificultad escapando de ella, sino manteniéndose firme en el lugar de la aflicción, la tristeza y las lágrimas, confiando sólo en Dios, sabiendo que Él “no nos dejará ser probados más allá de lo que podamos resistir, sino que junto con la prueba dará la salida para que podamos soportar” (1 Co. 10:13).
En segundo lugar apreciamos la consecuencia: “Jehová me ha vuelto con las manos vacías”. Cuando tratamos de escapar de las aflicciones, huir de las adversidades, desistir de ser corregidos por Dios, sentimos que nuestras vidas se vuelven vacías. No hemos querido aceptar la prueba, que no es definitiva, sino “por un poco de tiempo”. No nos damos cuenta que existe una razón para la aflicción: “sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia… para que seáis perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna” (Stg. 1:3-4). Dios permite las situaciones conflictivas para nuestra bendición. De ellas salimos perfeccionados. En ellas conocemos la protección divina. Por medio de ellas podemos sentir la mano cariñosa del Señor tocando nuestra vida y diciéndonos: “No temas” (Ap. 1:17). Sólo en medio del dolor y de las dificultades tendremos ocasión de conocerle más personalmente y saber que la mano que alienta nuestras almas es también una mano herida que ha pasado por el fuego de la prueba y la angustia de la aflicción.
Finalmente el texto nos alienta. A pesar de una determinación equivocada tratando de evitar la prueba que le condujo a una situación de desilusión y tristeza, Noemí desanduvo el camino y volvió a donde Dios quería que estuviese. “volvió… y llegó a Belén”. El nombre de este lugar significa casa del pan. Había buscado pan donde no podía encontrarlo, pero el Dios de la gracia la trajo al lugar de provisión y bendición. A pesar de nuestros fracasos nunca cerrará para nosotros la puerta de la restauración que conduce al disfrute de nuevas bendiciones.
¿Te sientes vacía, alma mía? ¿Has buscado el descanso por tus medios y tranquilidad por tu fuerza sin conseguirlo? Entonces es hora de desandar el camino y volverte a Dios.


Escrito por:   Pastor Samuel Pérez Millos    Fecha de publicación  11/12/2013 3:47 PM
Número de visitantes  1026


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