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La Búsqueda de Dios.
Es trágico que dejemos la búsqueda de Dios a unos pocos maestros, en lugar de realizarla cada uno de nosotros. Hacemos depender toda la vida cristiana del acto inicial de aceptar a Cristo, hemos caído en las redes de la falsa lógica que dice  "si ya tienes a Dios, no necesitas buscarle". Reconozco que hay muchos, en medio de esta general tibieza, que se conforman con esa lógica superficial. Mi deliberada intención es estimular este deseo de hallar a Dios.  Es la carencia de ese deseo, de esa hambre, aquello ha  producido desgano, tibieza y desinterés en el cual está sumida la Iglesia. La vida religiosa, fría, y mecánica que vivimos es aquello que ha producido la muerte de esos deseos. La complacencia es la enemiga mortal de todo crecimiento espiritual. Si no sentimos vivos deseos de verle, Cristo nunca se manifestará a su pueblo. ! El quiere que le deseemos! Y es triste decirlo, pero Cristo nos está esperando a muchos de nosotros por mucho tiempo.
Cada siglo tiene sus propias características. Actualmente estamos en una época de complejidad religiosa, es raro encontrar la sencillez de Cristo. Está ha sido reemplazada por planes, métodos, organizaciones y un mundo de actividades frenéticas que se llevan todo nuestro tiempo y atención, y no satisfacen los anhelos del alma. La escasa profundidad de nuestra experiencia, lo hueco de nuestro culto y la manera servil como imitamos al mundo, todo indica el superficial conocimiento que tenemos de Dios. Si queremos hallar a Dios en medio de tanta apariencia religiosa, lo primero que debemos hacer es encontrarlo a él, para luego seguir en pos de él con toda sencillez. Hoy en día, como lo ha hecho siempre, Dios se manifiesta a sus hijos y se oculta de los sabios y entendidos. Debemos evitar todo aquello que nos distrae, y acercarnos a él con el candor y la sinceridad de un niño. Un escritor dice como hacerlo: “Eleva tu corazón a Dios con amor humilde y sincero, búscalo a él, y no sus dones. Piensa en Dios y busca solo a Dios, solo por aquello que Dios es. Está es obra del alma que más agrada a Dios". El hombre que tiene a Dios por su posesión, tiene todo aquello que es necesario tener. Podrá carecer de todos los tesoros materiales, o si los posee, estos no le producirán ningún placer especial. Y si los ve desaparecer, uno tras otro, apenas podrá sentir la pérdida, porque teniendo a Dios tiene la fuente de toda felicidad. No importa cuántas cosas pierda, de hecho no ha perdido nada. Todo aquello que posee, lo posee en Dios, pura y legítimamente, y lo posee para siempre.

Libro: La Búsqueda de Dios.
Utilizado con permiso de la editorial Centros de Literatura Cristiana.

Escrito por:   A. W. Tozer    Fecha de publicación  9/24/2008 4:26 PM
Número de visitantes  1750


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