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La Batalla Interior.

Atrás quedó el tiempo cuando la gente tenía que salir a buscar estímulos que dejaran satisfechos sus deseos sensuales. Hoy las tentaciones salen a buscarnos y nos persiguen con frenesí. Tan solo haga un breve recorrido por los canales de televisión disponibles y estará de acuerdo que las trampas de la avaricia, alcoholismo, pornografía, aventura sexual, búsqueda de placer, ocultismo se presentan de manera atractiva en la mayoría de los programas y comerciales. La red mundial de informática tiene mucha información útil, pero también se utiliza para dar gusto a las pasiones más bajas y pervertidas. Usted solo tiene que elegir un vicio y el mundo le suministrará todo lo necesario para incitarlo, desarrollarlo y convertirlo en una adicción de por vida.
Santiago, con su pericia característica como escritor del Nuevo Testamento, señala con claridad el meollo de nuestra batalla, para enseñarnos que nunca debemos culpar a Dios por el hecho de ser tentados: “cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido. Entonces la concupiscencia, después que ha concebido, da a luz el pecado; y el pecado, siendo consumado, da a luz la muerte”. (Santiago 1:14-15). Tal vez creamos que el que el pecado es solo un acto, pero Dios lo ve como un proceso.
¡Atraído y seducido! La palabra “atraído” alude en el idioma original a la idea de ser enganchados en una trampa y llevados lejos por el cazador. Por otro lado la palabra “seducido” significa en griego morder la carnada en el anzuelo. Tanto el cazador como el pescador utilizan carnada para capturar su presa. Ningún animal pisaría una trampa o mordería un anzuelo, si entendiera la naturaleza y la función de estos dispositivos.
El cazador da a la presa aquello que ella desea, pero al final obtiene a cambio aquello que él desea, su vida. En pocas palabras, las trampas prometen una cosa, pero dan otra. Santiago nos dice a través del texto, que la carnada que nos atrae esconde un veneno letal. ¡Si tan solo creyésemos las advertencias de Dios!
Satanás mismo nos resulta asqueroso y aborrecible, y como él lo sabe muy bien, se acerca a nosotros oculto bajo diferentes disfraces y nombres. Así como nosotros utilizamos trampas para ratones sin necesidad que ellos nos vean, Satanás sabe que debe mantenerse fuera de nuestra vista, con todas sus trampas. Las mismas demuestran la astucia que tiene para maquinar nuestra caída. Su intención es ocasionarnos vergüenza y neutralizar nuestra efectividad para Cristo. Su meta ideal es que hagamos algo que él quiere, mientras estamos convencidos que es nuestra idea. Detrás de la mentira está el mentiroso, así como detrás de la trampa está el cazador. Satanás nos acecha por fuera pero nuestra batalla empieza por dentro.
Santiago no se cansa de enseñar acerca de la naturaleza del conflicto: ¿De dónde vienen las guerras y los pleitos entre vosotros? ¿No es de vuestras pasiones, las cuales combaten en vuestros miembros? Codiciáis, y no tenéis; matáis y ardéis de envidia, y no podéis alcanzar; combatís y lucháis, pero no tenéis lo que deseáis, porque no pedís. Pedís, y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites.  Santiago 4:1-3.
Santiago les escribía a cristianos que peleaban entre sí y contendían. Como una fuente subterránea, la caldera de su pecado hervía en medio de ellos y salpicaba todas sus relaciones. Es evidente que les motivaba el resentimiento y el deseo de tener más. Santiago no dice que en realidad se mataran entre ellos, tal vez quiso decir que eran culpables de herirse por medio del trato personal inclemente y la destrucción de reputaciones. Como usted recordará, Jesús enseñó que todo aquel que odia a su hermano es homicida de corazón. El resultado de este egoísmo general, era tensión y disensión. Santiago mostró que la lucha interior de cada individuo era el combustible para todas las contiendas dentro de la iglesia. Este escritor también dijo que el conflicto provenía de pasiones que combatían en sus miembros. Se refería a mucho más que los apetitos corporales. También quiso que sus lectores entendieran que el problema radicaba en cualquier deseo carnal oculto que motivara sus acciones.
Sí,la batalla en nuestro interior nos afecta a nosotros, como a nuestros seres amados. ¡Pero afecta a Cristo mucho más! Tan solo imagine la afrenta que hacemos objeto al Señor con nuestro adulterio mundanal. Por eso debemos mantenernos en un estado constante de alerta, porque el enemigo de adentro está aliado con el enemigo de afuera, bien hacemos en recordar las palabras del sabio: “Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; porque de él mana la vida” (Proverbios 4:23).

Edición en Castellano: Siete trampas del Enemigo.
Utilizado con permiso de Editorial Portavoz.

Escrito por:   E. Luzter.    Fecha de publicación  11/24/2008 1:30 PM
Número de visitantes  2497


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