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CÓMO ARRANCAR EL PECADO DE LA AVARICIA Segunda Parte.

En tercer lugar, la parte difícil consiste en rendir de verdad todo aquello que tenemos a Dios. He descubierto que entre más sinceros seamos en nuestro
compromiso, más dificil se hace la sumisión. Entregar todo al Señor: cada cuenta bancaria, cada fondo de inversión, la casa, los automóviles, cada cosa que poseemos, etc. Ceder el control de estas cosas a Dios requiere un acto de fe que somos propensos a resistir.
Solo es con la muerte al ego que podemos empezar a aniquilar el monstruo de la codicia y la avaricia. Las líneas de la batalla quedan bien definidas en este punto: Dios no tendrá rivales a su lado.
En el principio, las cuentas eran claras: Dios era el dueño de todas las cosas, Adán y Eva solo eran los administradores de su propiedad. Con la caída los seres humanos se convirtieron en ladrones porque desearon adueñarse de aquello que pertenecía a su Creador. Desde ese entonces, Dios ha tenido que enfrentar a la diosa avaricia para sacarla de nuestros corazones, para llevarnos de regreso a la realidad que no podemos llamar nuestro un solo milímetro cuadrado de sus pertenencias. Como mayordomos debemos admitir que hemos robado y devolver los bienes timados a nuestro Amo.
En cuarto lugar, debemos asfixiar la avaricia con generosidad. Al dar nuestro dinero nos damos a nosotros mismos, y al hacerlo rendimos a Dios
nuestro corazón mezquino. Muchos de nosotros podríamos duplicar cuanto damos a la obra del Señor y aún vivir con holgura. Ese sería un paso maravilloso que restaría fuerzas en gran medida al monstruo del "quiero más".
La dadivosidad no es una válvula de escape que permite la salida del material que sobra, sino más bien el flujo diario de una vida que ha aprendido a
depender de Dios.
Ninguno de nosotros podrá vencer este pecado que Dios aborrece si no somos generosos al dar a Dios y a los demás. Cuando Pablo quiso motivar a los creyentes a ser generosos, puso a Cristo como ejemplo supremo: "porque ya conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos" (2 Corintios 8:9). El mejor antídoto contra el egoísmo es la Cruz. A no ser que estemos dispuestos a tomar nuestro lugar con Cristo allí, siempre viviremos para nosotros mismos y no para Dios.
Una pareja misionera que conozco decidió poner a prueba a Dios en la cuestión del dinero. Se propusieron no endeudarse nunca sino confiar en Dios para recibir todos sus recursos. No comprarían una sola cosa si no podían pagarla en efectivo. De esta manera pudieron determinar cuál era la dirección del Señor en muchas de sus decisiones. Además de esto, cuanto mayor fuera su necesidad, más estarían dispuestos a dar. Hoy día, treinta años después, ellos pueden afirmar que Dios ha sido fiel. No solo han visto satisfechas todas sus necesidades con muchas otras bendiciones a lo largo del camino, sino han comprobado que entre más den a la obra de Dios, más son recompensados por Él con bendiciones y ayuda oportuna.
Michael Douglas estaba muy equivocado. La avaricia no es buena y la avaricia no "funciona" en la economía y el reino de Dios. De hecho, la avaricia está en oposición directa a Dios y está en el meollo de todos los demás pecados. ¡Señor, líbranos!

ORACIÓN PARA EMPRENDER EL CAMINO 
Padre, de acuerdo con tu Palabra, "tú me has examinado y conocido". Confieso que la codicia es idolatría. Ahora Señor, muéstrame que tú ves. Ayúdame a ser obediente a aquello que reveles en mí. En un acto de fe rindo todos mis recursos y mi patrimonio a ti: mis ahorros e inversiones, mis cuentas bancarias, y todas mis pertenencias. Esta oración es para mí una transferencia de propiedad en la cual reconozco que todas estas cosas ya están en tus manos.
Entrego a ti mi capacidad para ganar un ingreso y te pido que me guíes sobre cuánto debo dar a tu obra. Al guiarme por el sendero de la generosidad, haz de mí un compañero de viaje siempre dispuesto y satisfecho. Que está oración sea la primera de muchas otras en las cuales reafirme la decisión
que he tomado hoy. Permíteme responder siempre bien a la información nueva que traigas al respecto. En el nombre de Jesús Amén.

Libro: Siete trampas del Enemigo.
Autor: Erwin Lutzer.
Editorial Portavoz.




Escrito por:   Erwin Lutzer.    Fecha de publicación  9/24/2009 9:19 AM
Número de visitantes  1950


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