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El pecado consume nuestro poder espiritual; la confesión lo restaura.

Pero tenemos este tesoro en vasos de barro, para que la excelencia del poder sea de Dios, y no de nosotros. —2 Corintios 4:7

Durante siglos, en todo el mundo, los molinos se han usado para bombear agua y procesar granos. Pero en las últimas décadas, cuando las turbinas eólicas para generar electricidad se fueron imponiendo, inesperadamente apareció una «mosca en la sopa».
Los investigadores descubrieron que estos generadores funcionaban bien a bajas velocidades, pero que, al aumentar la velocidad del viento, los insectos que se adherían a las paletas reducían la producción de energía. Los operadores observaron que era necesario lavar periódicamente la acumulación de insectos muertos, para evitar la paulatina disminución de la energía de la turbina.
Una acumulación de pecado en la vida del creyente también puede causar problemas. Dios proveyó una manera de limpiar esa acumulación en nuestro ser. En 1 Juan 1:9, leemos: «Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad». No obstante, si no lo hacemos con frecuencia, perderemos energía en nuestro andar. Esto se debe a que la energía para vivir procede de Dios y no de nosotros (2 Corintios 4:7). Si tratamos de vivir la vida cristiana con nuestras propias fuerzas, nos sentiremos derrotados, como molinos a los que les mermó la energía.
Podemos ver y experimentar con más facilidad el poder de Dios en nuestras vidas cuando diariamente nos sacamos de encima la acumulación de pecado.

El pecado consume nuestro poder espiritual; la confesión lo restaura.

Escrito por:   Editores de Nuestro Pan Diario.    Fecha de publicación  5/18/2010 10:30 AM
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