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La espiritualidad es evidente en el creyente.

En su conocimiento. El alimento sólido de la Palabra de Dios es para los cristianos maduros (He. 5: 14), y Pablo esperaba que los corintios, después de cuatro o cinco años de experiencia cristiana pudieran entender el alimento sólido de la Palabra. La leche de la Palabra es para los bebés de Cristo, y Pablo no regañaba a los corintios por tomar leche cuando eran recién convertidos. Pero cuando su comida continuaba siendo leche sola, hizo como el escritor de la carta a los hebreos, que les denunció como cristianos defectuosos. ¿Qué es la verdad que es alimento sólido? Desde luego, la Biblia no señala pasajes como de leche o de alimento sólido, de
modo que no es siempre fácil contestar esa pregunta. Sin embargo, hay un tema que se califica de modo claro como alimento sólido y es el asunto que hizo pensar al escritor de hebreos en la incapacidad de sus lectores de comprender lo que estaba escribiendo. Ese tema es la verdad sobre Melquisedec y su sacerdocio (He. 5: 10-11). Tenemos aquí un ejemplo de la Biblia misma sobre el alimento sólido de la Palabra, y bien puede emplearse como prueba de la espiritualidad de una persona. ¿Cuánto sabe usted acerca de Melquisedec? O ¿sabe usted ahora más de él de lo que sabía hace un año? Admitimos que no es una doctrina fácil, pero es una doctrina de prueba para determinar el estado de adelanto de un cristiano en el conocimiento de la Palabra de Dios que es característica esencial de la espiritualidad genuina.
¿Qué debería saber un cristiano acerca de la Biblia? El estudio bíblico debería ser llevado a cabo en plena dependencia del Espíritu Santo. Él es nuestro Maestro y constantemente deberíamos buscar su guía (Juan 14:26; 16:13). No hay un atajo, una manera fácil de aprender la Biblia. Involucra duro trabajo para cada uno. De todos modos, nunca olvides que el Autor del libro está siempre presente, y nadie sabe más acerca de lo que está escrito que el Autor mismo. Si no entiendes, ora y pídele a él que te enseñe lo que dice (Juan 14:26).

A. Leer la Biblia.
Es un buen plan comenzar en Mateo y avanzar por el Nuevo Testamento. Luego comenzar en Génesis y leer la Biblia entera. No leas sólo para decir que has ido por toda la Biblia, sino lee para conocer lo que la Biblia dice.
B. Comparar la Escritura con Escritura.
No trates de edificar una doctrina sobre un solo versículo. Encuentra la consistente enseñanza de la Biblia entera sobre el tema. "La Verdad no contradice a la Verdad."
D. Escribir Notas.
Haciéndote las siguientes preguntas:
1. ¿Qué aprendí acerca de Cristo?
2. ¿Cuál es el principal mensaje de este capítulo?
3. ¿Qué preciosa promesa puedo solicitar?
4. ¿Cuál es el versículo destacado?
5. ¿Cuál pecado fui enseñado a evitar?
6. ¿Qué ejemplo hay para que siga?
7. ¿Cuáles son los versículos dificultosos?
E. Compartir con alguien aquello que aprendiste.
Durante el día trata de compartir lo que has leído con alguien más. Esto te servirá en dos propósitos: te ayudará a fijar la lección en tu propia mente y te ayudará a compartir con otro la bendición que has recibido de tu estudio bíblico. Malaquías 3:16.
F. Memorizar dos o tres versículos cada semana.
Comienza a compartir con familiares versículos del evangelio tales como: Juan 1:12; Juan 3:16; Juan 3:36; Juan 5:24; Romanos 10:9, etc. Repasa todos los versículos memorizados constantemente hasta que realmente hayan sido puestos en tu mente y corazón. Escríbelos en tarjetitas y llévalos contigo para repasar durante el día. Hallarás tu propia vida enriquecida, y estarás en mejores condiciones para hablar a otros.
G. Practicar lo aprendido.
Deberíamos permitir a la Palabra redargüirnos, corregirnos y hacernos más como el Señor Jesús. Jeremías 15:16. Recuerda cuando estudias la Biblia que estás estudiando un libro eterno. Todo lo que aprendas de ella aquí es una inversión para la eternidad. Así que dale lo mejor de ti.

Escrito por:   C. Ryrie - Adaptado por el BI.    Fecha de publicación  6/12/2010 11:45 AM
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