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Alabar a Dios

"Te alabaré con rectitud de corazón cuando aprenda tus justos juicios." Salmo 119:7 (RVR)
En esta sociedad tan sensual nos acostumbraron a manejar los impulsos según los sentimientos. Es muy común escuchar la frase: Lo hice porque lo sentía. Independientemente que esté bien o mal, la razón de actuar de esa manera fue porque lo sintió. El argumento más fuerte que escuché de aquellos que apoyan el matrimonio de personas del mismo sexo es justamente este: Ellos se quieren y sus sentimientos son válidos. Por eso es correcto que se casen.
Y si bien frente a este extremo, el cristianismo reacciona sosteniendo que es incorrecto el matrimonio homosexual, en temas no tan límites somos bastante parecidos en el actuar por sentimientos. Por eso, el salmista nos trae a la reflexión una razón lógica para comprender. La alabanza a Dios no es el producto de un sentimiento o de una sensación, sino que es la consecuencia de un pensamiento racional.
Entendiendo que alabar es una forma de agradecer a Dios lo bueno que es con nosotros por las cosas que nos da, es más fácil alabarlo cuando nos va bien, los días soleados y felices cantamos con más ganas y convicción. Pero cuando comienzan a aparecer los problemas, las frustraciones se acumulan, las oraciones no son contestadas y la bendición de Dios sigue de largo, entonces es más complicado hacerlo, no tenemos tantas ganas, y hasta nos enojamos con criterio, y dejamos de alabar porque no lo sentimos. Pensamos: “¡Cómo vamos a ser tan hipócritas de hacer algo que no sentimos! Es necesario esperar a estar de mejor ánimo.”  Pero ésta es una mentira del diablo. ¿Alguna vez Dios se quejó de la alabanza triste de alguno de sus hijos? No, sin embargo hacemos esto a diario, y es un grave error.
La alabanza a Dios no debe depender de nuestro estado de ánimo, sino del conocimiento de Él. Por eso, la alabanza no es la consecuencia de una sensación, sino de una convicción. Se puede alabar mejor si se conocen los mandamientos, principios y si se estudia la Palabra de Dios, porque sabiendo quien es Dios, reconociendo qué hizo y hace, la alabanza fluye sola, sin importar cual sea la respuesta a nuestra oración, ni la falta o el exceso de bendiciones que disfrutamos.

 Hoy el salmista nos desafía a alabar a Dios con conciencia, a aprender sus justos juicios para poder exaltarlo como Él es digno.

Un gran abrazo y bendiciones. Dany


Escrito por:   Daniel Pérez Cliffe.    Fecha de publicación  12/7/2010 11:21 AM
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