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Sabiduría para Esperar

Fue, pues, el rey con Amán al banquete de la reina Ester. Y en el segundo día, mientras bebían vino, dijo el rey a Ester: ¿Cuál es tu petición, reina Ester, y te será concedida? ¿Cuál es tu demanda? Aunque sea la mitad del reino, te será otorgada. Ester 7:1-2
Imagine que está nadando en un inmenso lago, y que se encuentra a unos trescientos o cuatrocientos metros de la playa, cuando de repente se forma una niebla anómala y ésta le rodea. Usted está atrapado en este diminuto círculo de luz difusa, pero no puede ver más allá del alcance de su brazo.
Usted y yo estamos atrapados en un pequeño espacio de este nublado lago llamado presente. Debido a que toda nuestra perspectiva se basa en este momento en el que nos encontramos, hablamos del presente, del pasado y del futuro. Si queremos saber la hora, el minuto o el segundo, simplemente vemos nuestro reloj. Si queremos saber el día o el mes, el año o el siglo, vemos el calendario. Se trata del tiempo. Lo marcamos fácilmente, y lo medimos cuidadosamente. Todo es muy objetivo: medible, obvio y con sentido.
Pero Dios no es así en lo absoluto. En realidad, Él vive y se mueve fuera de la esfera del tiempo terrenal. En su tiempo, y solamente en su tiempo, Él comienza a moverse de manera impalpable hasta que, de repente, a medida que se revela su sorprendente soberanía, se produce un cambio. Es la manera que tiene Dios de disipar la niebla, ¡lo que siempre ocurre cuando Él lo decide y cuando a Él le place!  ¿“Cuál es tu petición”, le pregunta el rey a Ester. “¿Qué es lo que solicitas?”  Él ya le había preguntado esto un par de veces antes, cuando ella se le acercó, y él le extendió su cetro; y después, en el primer banquete. Pero Ester nunca le respondió, porque el momento no era el indicado. Ester tenía tres cosas importantes a su favor:
a.
Un oído sensible.
b. Un corazón sabio.
c. Era sabía para esperar.
Ella sentía que algo todavía no estaba totalmente bien. Por tanto, no presionó. Sabía cuándo actuar, y sabía cuándo esperar. ¿Tiene usted esa misma sensibilidad? ¿Sabe cuándo escuchar? ¿Sabe cuándo hablar claro, y cuando permanecer en silencio? ¿Sabe cuánto decir y cuándo decirlo? ¿Tiene la sabiduría para reprimirse hasta exactamente el momento preciso, para obtener los máximos resultados? Estas cosas son importantes. La pregunta es: ¿Tiene usted la suficiente sintonía con Dios para leer sus sutiles señales? Es fácil ponerse en movimiento a la primera señal que la niebla se está disipando.
Como escribió Salomón: “Todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora... tiempo de callar y tiempo de hablar” (Eclesiastés 3:1,7).

Escrito por:   Charles R. Swindoll.    Fecha de publicación  5/4/2011 10:15 AM
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