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Dios no está limitado

Entonces la reina Ester respondió y dijo: Oh rey, si he hallado gracia en tus ojos, y si al rey place, séame dada mi vida por mi petición, y mi pueblo por mi demanda. Porque hemos sido vendidos, yo y mi pueblo, para ser destruidos, para ser muertos y exterminados. Si para siervos y siervas fuéramos vendidos, me callaría; pero nuestra muerte sería para el rey un daño irreparable. Respondió el rey Asuero, y dijo a la reina Ester: ¿Quién es, y dónde está, el que ha ensoberbecido su corazón para hacer esto? Ester 7:3-5

Al leer este pasaje, no podemos menos que decirnos: ¡Qué autoridad la de esta mujer! ¡Qué diplomacia y qué sensibilidad la de Ester, en medio del ruego que hace por su vida y por la vida de su pueblo! “Si sólo hubiéramos sido vendidos para ser esclavos, no te habría molestado con este asunto. Tú tienes muchas cosas importantes de las cuales ocuparte, y por eso no te habría importunado ¡Pero él quiere exterminarnos!”  Ester retrata admirablemente en este momento las cualidades de carácter de la grandeza.  ¡Su esposo es todo oídos!  El rey Asuero le preguntó entonces a la reina Ester: “¿Quién es ese, y dónde está el que ha concebido hacer tal cosa?” (Ester 7:5).
En ese momento, confieso que mi respuesta podía haber sido algo así: ¿Qué quieres decir con ‘quién es ese’? Tú sabes que fue Amán quien te propuso esta perversidad.  Tú le diste el sello para que firmara el edicto. ¿Qué quieres decir con ‘quién es ese’? ¡Abre los ojos!”  Menos mal que yo no estaba allí, pues de seguro que habría metido la pata.
Vivimos en un mudo de personas ocupadas en muchas cosas. También viven en una niebla, la niebla del ajetreo, del estrés y de las obligaciones. ¡Quién sabe cuántos edictos había firmado Asuero ese día! ¡Quién sabe cuántos asuntos urgentes de gobierno estaban en su mente! El rey tenía innumerables decisiones que tomar. Y Amán, un funcionario  de confianza había presentado el asunto de tal manera que parecía estar resolviendo un problema que afectaba directamente al bienestar del reino. Probablemente fue por eso que el rey firmó el decreto sin darle mucha atención, creyendo que Amán, un hombre en quien él confiaba, sabía lo que estaba haciendo. Pero, de repente, las cosas cambiaron. Nunca trate que convencerse o creer que algunas situaciones de esta vida son absolutamente permanentes.  Dios puede actuar en el corazón de un rey. Él puede actuar en toda una nación.  Dios pudo echar abajo la que una vez fue la impenetrable Cortina de Hierro. Puede cambiar la mente de su testarudo cónyuge. Él puede actuar en los asuntos de su comunidad.  Puede modificar las decisiones de los presidentes, de los primeros ministros, de los reyes de hoy, y de los dictadores de las naciones. Ningún obstáculo es demasiado alto ni ningún abismo demasiado grande para Él, porque Dios no está limitado por el tiempo o el espacio, ni por lo visible o lo invisible. Recuerde que Él vive en una esfera que trasciende todo eso. Él es todopoderoso. Cuando Dios está listo para actuar, actúa, pero a su tiempo, que siempre es el mejor. ¡Y cuando lo haga, sujétese bien, porque le espera la gran aventura de su vida!

Escrito por:   Charles R. Swindoll.    Fecha de publicación  5/17/2011 10:13 AM
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