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Esperar y observar

Y él le dijo: Como suele hablar cualquiera de las mujeres fatuas, has hablado. ¿Qué? ¿Recibiremos de Dios el bien, y el mal no lo recibiremos? En todo esto no pecó Job con sus labios. Job 2:10
La respuesta de Job a la sugerencia de su mujer de que maldijera a Dios y muriera es excelente “¡Has hablado como hablaría cualquiera de las mujeres insensatas!”  (Job 2:10). ¡Felicitaciones al anciano patriarca! En su debilitada condición, en medio del sufrimiento que le producían todas esas llagas, y sin saber si algo de su situación iba a cambiar, Job se mantuvo firme, e incluso la reprendió.  Él le dijo, en realidad: “No puedes hablar de esa manera. Eso nunca.”
Pero Job fue más allá de una reprensión; le hizo una pregunta magnífica: “Recibimos el bien de parte de Dios, ¿y no recibiremos también el mal?” (Job2:10). Su perspectiva era extraordinaria, no sólo entonces, sino también hoy en día. ¡Qué teología tan excelente! Es muy raro que de nuestro secularizado sistema surja una declaración así.
Job estaba teniendo estos pensamientos: ¿No tiene Él el derecho de hacerlo? ¿No es Él el alfarero? ¿No somos nosotros el barro? ¿No es Él el pastor y nosotros las ovejas? ¿No es Él el amo y nosotros los siervos? ¿No es así como tiene que ser?
Por alguna razón, él ya sabía que el barro no le dice al alfarero: “¿Qué haces?”. Por eso le dice a su mujer: “No... no... no, querida. No hagamos eso. Nosotros servimos a un Dios que tiene el derecho de hacer lo que quiere, y que no está obligado a dar explicaciones o pedir permiso. Detente y reflexiona: ¿Debemos pensar que vamos a recibir únicamente cosas buenas? ¿Es ese el tipo de Dios a quien servimos? Él no es nuestro sirviente celestial pendiente del chasquido de nuestros dedos, ¿verdad? ¡Él es nuestro Señor y nuestro amo! Necesitamos recordar que el Dios a quien servimos tiene un plan que está más allá de nuestra comprensión, incluyendo tiempos difíciles como este.”   
Me encantan las últimas palabras: “En todo esto Job no pecó con sus labios” (v. 10). Aquí encontramos una confianza absoluta. Y mucha fe puesta en práctica. Es como si le dijera a su esposa: “Querida, no podemos explicar nada de esto, así que esperemos y observemos lo que Dios hará. Nunca esperábamos que nos sucediera esto. Tu corazón y el mío están destrozados por la pérdida, lo perdimos todo. ¡Pero Dios es Soberano!
Bueno, pienso que Job también pensó, todavía nos tenemos el uno al otro y nuestro Dios tiene un plan que está en desarrollo, aunque no podamos entenderlo ahora. Por tanto, esperamos y observemos para ver que Él va a hacer después.”

Escrito por:   Charles R. Swindoll    Fecha de publicación  6/28/2011 11:10 AM
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