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Concentración
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 "Concentren su atención en las cosas de arriba, no en las de la tierra." Col. 3:1 (NVI) Antes de cada partido de futbol, cada entrenador concentra a los jugadores, para aislarlos de los problemas cotidianos, de las historias familiares, de los excesos o los vicios, de la diversión con el objetivo de que tengan la mente puesta en el partido que tienen que jugar. Es notable ver como un jugador que no está concentrado, juega mal, aunque tenga una gran capacidad técnica o sea un fenómeno. Porque su distracción mental lo hace desviar de su objetivo. Cualquier equipo que va a enfrentar al Barcelona de España, se concentra y sale a la cancha con todos los sentidos puestos en el partido y juegan cada pelota como si fuera la última. Pero si el contrincante fuera el equipo de Sacachispas, de la cuarta división del futbol argentino, cualquier equipo de primera división entraría a la cancha con displicencia. Frente al pobre adversario, ni siquiera se esforzarían en hacer un buen partido. Y darían por sentado que solo por usar su camiseta tienen el partido ganado. Subestimación del contrincante, sin concentración previa. Y es posible incluso que el partido salga como lo tenían planeado. Esto mismo que les pasa a los jugadores, nos sucede a todos. ¿Nunca te pasó de estar en la Santa Cena con el objetivo de pensar y recordar la grandiosa obra del Señor Jesús durante apenas una hora? O de prepararte muy bien y a conciencia para una actividad especial donde sos el protagonista y responsable del evento. Como quieres que todo salga bien, te esfuerzas, llegas temprano, estás en cada detalle, y te concentras como si fueras a jugar contra el Barcelona. Pero esto solo pasa en las ocasiones especiales. Luego, en la vida cotidiana, en la rutina diaria, tu vida espiritual cae en el letargo de la comodidad y de la falta de concentración. Vivís en piloto automático y de memoria, desvalorizando cada situación que se te presenta. ¡El diablo es especialista en hacernos creer que por tener la camiseta de cristianos podemos ganar cualquier partido con solo salir a la cancha! Y se esfuerza en seducirnos para creer que podemos en nuestras fuerzas enfrentar a cualquier adversario. Dios sabe que no. Por eso nos demanda concentración, que levantemos la mirada, que estemos atentos, que salgamos a la cancha a comernos el adversario, y que nos juguemos la vida en cada pelota, como si fuera la final del mundo. Eso es lo que Dios espera de tu vida cristiana.
REFLEXIÓN – Salí al partido bien concentrado.
Un gran abrazo y bendiciones
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Escrito por:
Daniel Pérez Cliffe
Fecha de publicación
11/16/2012 2:30 PM
Número de visitantes
451
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