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Esconder

"Al llegar a la colina, Giezi tomó los sacos y los guardó en la casa; después despidió a los hombres, y éstos se fueron." 2 Reyes 5:24 (NVI)
Giezi el siervo del profeta había hecho algo inapropiado. Había pecado. Mintió reiteradas veces para obtener un poco de dinero y unos vestidos importados. No fue un asunto accidental, sino que buscó hasta alcanzar su objetivo. Lo hizo consciente que su maestro y profeta no estaba de acuerdo. Y sabiendo que Eliseo había rechazado aquello que él estaba buscando conseguir.
Aunque se puso válidas excusas para autojustificar su mal proceder e intentó buscarle una vuelta de razonabilidad a su pecado, este hombre que tenía todo para ser un exitoso espiritual, fracasó y se condenó a vivir leproso por un poco de ambición. Tenía la bendición de estar cerca de un siervo de Dios. Tenía el consejo diario del profeta para corregir su conducta.
Pero un pensamiento equivocado, generó codicia. Y finalmente decidió hacer lo que fuera necesario para satisfacer sus deseos. Midió los riesgos, armó un plan de mentiras, y no le importó nada con tal de alcanzar lo que quería. Cambió por un poco de dinero su vida, porque por su pecado, se convirtió en leproso. Es el mismo resultado que aquellos que deciden cambiar su santidad por un poco de sexo, de diversión, de exceso o de placer. Un poquito de satisfacción se paga con una vida de consecuencias.
Giezi era plenamente consciente de su pecado. A tal punto que cuando obtiene su botín, lo esconde en un lugar secreto. Si estas orgulloso de algo lo mostrás y lo pones en tu perfil público de facebook para que todos lo vean. Escondes lo que te da vergüenza. Lo que no quieres que los demás se enteren.  Escondemos las malas notas, al amigo feo, la media rota, los links de las páginas de Internet que consultamos, la envidia que tenemos, que tu novia te dejó por otro, tus deudas, tus errores, tus fracasos, tus miedos o tus pecados.
Al igual que Giezi, nosotros también hoy escondemos lo que nos avergüenza y aunque sabemos que está mal, seguimos repitiendo esa conducta que Dios rechaza. Intentamos disfrutar un poquito de placer pero escondemos lo que hacemos. Lo terrible es que Dios lo sabe, lo ve y lo desaprueba. Pero parece no importarnos. Creemos que la oscuridad nos oculta, pero Dios siempre nos ve.
Si lo que estás haciendo, lo escondes por vergüenza, es tiempo de dejarlo.

REFLEXIÓN – Se trasparente.

Un gran abrazo y bendiciones

Escrito por:   Daniel Pérez Cliffe    Fecha de publicación  12/27/2012 1:33 PM
Número de visitantes  567


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