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EL CAMINO, LA VERDAD Y LA VIDA.

“Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí”(Jn. 14:6).
En un momento de tensión en donde los discípulos decían no saber el camino a seguir, Jesús les dice las palabras escritas arriba. Es una triple afirmación. Cada una lleva delante un artículo. No se trata de un camino vivo y verdadero, sino de tres características del Señor. Es el único camino que conduce a Dios, la única verdad que libera al hombre y la única vida auténtica y eterna. Jesús se hace camino para nosotros. Un profundo contraste con el hombre que se ha ido apartando de Dios por sus caminos (Is. 53:6). En sus sendas sólo hay desolación, desaliento, lágrimas, miseria e impotencia. No conocieron camino de paz, ni hay justicia en sus caminos; sus veredas son torcidas; cualquiera que por ellas fuere, no conocerá paz” (Is. 59:8). Jesús es el camino por el que Dios desciende a nosotros y también el único que permite el retorno del hombre a Dios. Fue abierto por Él, es “…el camino nuevo y vivo que él nos abrió a través del velo, esto es, de su carne” (He. 10:20). En él se manifiesta continuamente la comunión con Dios, que está a nuestro lado en cada momento.
Además es también la verdad, que equivale a fidelidad. Tiene que ver con la libertad que Dios puede dar: “y conoceréis la verdad y la verdad os hará libres” (Jn. 8:12). Conocer la verdad es conocer a Jesús que dice: “Si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres” (Jn. 8:36). Libres sobre todo del temor a la muerte (He.
2:14). Libres de inquietudes porque sabemos que la fidelidad de Dios, que ha prometido mantener su provisión y gracia en cada momento, es la admirable
realidad de nuestra experiencia.
Finalmente dice el Señor que Él es la vida. No una vida cualquiera, sino abundante y gozosa. Podemos entrar en él a la presencia de Dios, para obtener el socorro oportuno para cada momento (He. 10:19-20). En medio de tantas dificultades, aflicciones, tristezas, incomprensión y lágrimas, sentimos la delicia de su compañía y la paz de Su presencia, de modo que podemos decir: “Sus caminos son caminos deleitosos, y todas sus veredas paz” (Pr. 3:17). El Señor actúa en nuestro camino: “Es el que guarda las veredas del juicio, y preserva el camino de sus santos” (Pr. 2:8). No habrá caídas insuperables, podemos “andar confiadamente y nuestro pie no tropezará” (Pr. 3:23). ¿Necesitamos poder para superar las pruebas? “El camino de Jehová es fortaleza al perfecto “(Pr. 10:19). El gozo está presente continuamente porque tenemos la seguridad de la compañía de Jesús y podemos decir como experiencia personal: “Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque Tú estarás conmigo” (Sal. 23:4). En medio de las pruebas sentimos la admirable paz de Aquel nos regala la suya y nos dice: “mi paz os doy”.
¡Que admirable bendición! Si Jesús dice “Yo soy el camino”, puedo ir al Padre para provisión de gracia, poniendo ante Él mis angustias. Sentir el cuidado de Dios en cada instante y, al final del camino, la admirable seguridad del encuentro definitivo para estar siempre con el Señor.

Escrito por:   Pastor Samuel Pérez Millos    Fecha de publicación  2/18/2013 10:23 AM
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