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PACIENCIA

“Y tened entendido que la paciencia de nuestro Señor es para salvación” (1 P. 2:15).
Ser cristiano es tener la experiencia de una vida de gozo, de paz, pero, también de paciencia. Paciencia no es sólo la capacidad de aguantar bajo un peso, sino tener un ánimo largo, que impide la ira y la irritabilidad. Paciencia, en este versículo tiene que ver con un esperar en calma. La paciencia del Señor se menciona continuamente el relación con su gracia: “Mas tú, Señor, Dios misericordioso y clemente, lento para la ira, y grande en misericordia y verdad” (Sal. 86:15). La paciencia de Dios es su poder de contener su expresión de ira.
El comportamiento de Jesús es reproducido en nuestra vida por el Espíritu Santo, que nos fortalece para la paciencia: “Fortalecidos con todo poder, conforme a la potencia de Su gloria, para toda paciencia y longanimidad” (Col. 1:11). Esta perfección forma parte del vestido del creyente; “vestíos… de paciencia” (Col. 3:12).
El amor verdadero es sufrido, es decir, paciente, de modo que es capaz de soportar cuanto sea necesario para poder amar. En las dificultades y problemas de la vida, la espera en quietud es el camino para alcanzar la bendición de las promesas, como ocurrió con Abraham que “esperando con paciencia, alcanzó la promesa” (He. 6:15).
Las circunstancias adversas pueden durar toda la vida. El término seguro será en la venida del Señor, “por tanto, hermanos, tened paciencia hasta la venida del Señor” (Stg. 5:7). No es largo el tiempo de espera porque el encuentro con Jesús está cercano (Stg. 5:8). Quien tiene paciencia no vive quejándose de sus problemas sino que los encomienda en la mano del Señor y espera en Él.
El secreto de una vida de paciencia está en caminar con Dios. Cuando más cerca estoy de Él, cuanto más tiempo paso orando, más cultivo esa fuerza interior que me ayuda a no moverme, a no inquietarme, a no quejarme y a permanecer firme. Cuando el camino es difícil y las preguntas sin respuesta se amontonan, se puede ser paciente si sabemos que el camino de Dios no es nuestro camino (Is. 55:8). Se puede ser paciente cuando se conoce que Dios actuó en el pasado y lo hace también en el presente. El descanso y la calma vienen cuando puedo decir a Dios: “Bienaventurado el hombre que tiene en ti sus fuerzas” (Sal. 84:5). Dios permite que pasemos por situaciones difíciles para que aprendamos a esperar confiadamente en Él. La paciencia es el objetivo de Dios en su escuela de vida, capacitándonos para servirle mejor. Será bueno recordar también que la paciencia no consiste en no hacer nada, sino en volcarnos en tres cosas, orar, confiar y esperar. Un pasaje alentador viene a mi encuentro en este momento. Dios me está llamando a sentir la bendición de la paciencia y su Palabra me dice: “y no solo esto, sino que también nos gloriamos en las tribulaciones sabiendo que la tribulación produce paciencia; y la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza; y la esperanza no avergüenza porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado” (Ro. 5:3-5). Ahora quiero decir al Señor: “Yo en ti confío, oh Jehová; digo: Tu eres mi Dios, en tus mano están mis tiempos”.

Escrito por:   Pastor Samuel Pérez Millos    Fecha de publicación  7/30/2013 11:41 AM
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