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La triple bendición de Dios

“Así bendeciréis a los hijos de Israel, diciéndoles: Jehová te bendiga, y te guarde; Jehová haga resplandecer su rostro sobre ti, y tenga de ti misericordia; Jehová alce sobre ti su rostro, y ponga en ti paz ” (Nm. 6:23-26).
Sería difícil escoger otro texto del libro de Números que no fuese este. Es la provisión divina de bendición para su pueblo. Es cierto que se dirige a todos como un conjunto de creyentes, pero la fórmula es individual. Cada uno de los hijos de Dios podemos y debemos tomarla por fe como un regalo de la gracia. El nombre de Jehová aparece tres veces y en cada una se asocia con una bendición concreta.
La primera tiene que ver con la protección: “te guarde”. Dios nos bendice guardándonos. La protección divina es la respuesta a la petición de Jesús: “No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal” (Jn. 17:15). Su presencia nos rodea poniendo un límite a las pruebas y dificultades para que aún sufriéndolas seamos capaces de soportarlas. El nos guarda del pecado, de la enfermedad o incluso en ella, de la miseria y de cualquier calamidad. Cuando la intensidad de los problemas pudieran angustiarnos, la protección de su gracia se hace presente diciéndonos “no temas, yo estoy contigo”.
La segunda bendición tiene que ver con la misericordia: “haga resplandecer sobre ti su rostro, y tenga de ti misericordia”. Esto significa en el lenguaje de la Biblia una actitud de amistad, favor y gracia, de parte de Dios hacia cada uno de nosotros. Sabe cuan miserables seríamos con nuestras cargas, cuan ciegos en nuestro camino, y acude para iluminarnos en cada momento, de modo que no andemos en tinieblas, por eso podemos decir: “lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino” (Sal. 119:105). Mientras que el mundo camina en tinieblas sin saber a donde va, “la senda del justo es como la luz de la aurora, que va en aumento hasta que el día es perfecto” (Pr. 4:18). ¿Estás desorientado? ¿Vives sin claridad suficiente para seguir caminando? Entonces tienes que buscar a Jesús y seguirle, porque el que le sigue “no andará en tinieblas”.
La tercera bendición es la actitud de un padre que mira a su niño. Levanta Su cabeza para vernos bajo la dimensión de Su amor. Luego establece sobre nosotros el supremo regalo de la paz, que en la Biblia comporta el cúmulo de todas las bendiciones que vienen de nuestro Padre Celestial. La paz es el resultado del perdón de los pecados cometidos, con la seguridad de ser admitidos a Su amistad y comunión a pesar de nuestras caídas. Es la consecuencia de sentirnos protegidos de nuestro adversario el diablo, del poder del pecado y de los peligros que puedan venir en el camino de la vida. Es el efecto de una correcta relación con Dios, donde la sombra del juicio del pecado ha desaparecido por la obra del Salvador (Ro. 5:1).
Es la bendición de una firme relación con nosotros mismos, conociendo la fidelidad de Dios (Is. 26:3). Es el efecto de una correcta relación con los demás que mantiene, en lo que de nosotros dependa, la paz con todos (Ro. 12:18). Señor, sé que estás dispuesto a bendecirme. Haz que sienta que me proteges, que tienes misericordia de mí y que me rodeas con tu paz.

Escrito por:   Pastor Samuel Pérez Millos    Fecha de publicación  10/15/2013 10:34 AM
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