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EL BUEN CAMINO

“Así dijo Jehová: Paraos en los caminos y mirad, y preguntad por las sendas antiguas, cuál sea el buen camino, y andad por él, y hallaréis descanso para vuestra alma” (Jer. 6:16).
Cuando se afronta alguna dificultad, no importa cual sea, siempre se busca la mejor forma, según nuestro entendimiento, para salir de ella. Sin embargo, muchas veces no se consigue el propósito, porque se ha seguido un camino equivocado. De ahí la importancia de este versículo que nos orienta a reflexionar sobre la situación personal en que nos encontramos.
Primeramente Dios nos manda detenernos para averiguar el camino que llevamos. El versículo habla de caminos. Quiere decir que hay varios, todos ellos establecidos por nosotros, porque el camino de Dios es uno solo. Es verdad que en ocasiones Su camino será fácil y en otras más difícil, algunas veces pasará por lugares de reposo y otras se enfrentará a tormentas, pero es el camino que Él ha trazado para nuestra vida. Es el único en donde hay bendición, hasta que lleguemos al lugar de paz perfecta junto a Cristo en los lugares celestiales. Si Dios me pide que haga un alto en mi senda, está advirtiéndome que no es esa la que trae bendición y descanso, sino la suya. ¡Cuanta inquietud experimento cuando sigo mi propio camino, sin tener en cuenta el que Dios ha determinado para mi!
En segundo lugar debo hacer un alto y preguntar por las sendas antiguas para descubrir el camino bueno y andar por él. Son las sendas donde la bendición se manifiesta siempre. Donde la voz de Dios se oye dirigiendo los pasos. Es la senda de la oración en la que el diálogo con el Señor es continuo, donde puedo presentarle el problema y descansar en la segura confianza de que Él hará (Sal. 37:5). Es el camino seguro donde no hay fracasos porque Dios es el que sostiene a los justos (Sal. 35:17). En las sendas antiguas hay compañía continua ya que Dios no desampara a sus santos, para siempre serán guardados (Sal. 37:28). Es la vía del poder, donde el Señor abre paso en las dificultades conduciéndonos en triunfo, para que podamos decir todo lo puedo en Cristo que me fortalece (Fil. 4:13). En las sendas antiguas está el camino de la esperanza, donde el futuro se vive ya en el presente porque para cada uno Cristo es esperanza de gloria (Col.1:23). En ellas hay profunda paz, porque mientras que no hay paz sin Él, los que siguen sus pisadas experimentan el regalo personal suyo: Mi paz os doy. Dios nos está llamando a hacer un alto para reflexionar sobre el camino que transitamos y tomar una determinación, andar por el Suyo y dejar el nuestro. Es urgente para el presente y para el futuro. Es la vereda de la tranquilidad sabiendo que es la ruta de Dios, la única en donde podemos hallar descanso para nuestras almas. Necesito ahora una firme determinación, expresada en un enérgico: ¡Basta ya de seguir mi camino en donde solo hay inquietud y desaliento! De otro modo: Señor, basta ya de mí para que seas Tú y no yo quien marque el rumbo para mi vida, porque quiero sentir el descanso que mi alma necesita. Dame la bendición de suspender mi marcha, hacer un alto en mi andadura, detenerme en mi senda para tomar el camino que Tú marcas para mí, porque necesito descanso para mi alma.


Escrito por:   Pastor Samuel Pérez Millos    Fecha de publicación  3/21/2014 9:09 AM
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