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Adelante por la Fe (Josué 3:1-13)
El libro de Josué trata de la victoria de la fe y de la gloria que Dios recibe cuando su pueblo confía y obedece. El primer ministro británico Benjamín Disraeli dijo: "El mundo jamás ha sido conquistado por el engaño; ha sido conquistado por la fe". Dios no ha cambiado, y el principio de la fe tampoco ha cambiado. Lo que parece haber cambiado es la actitud del pueblo de Dios: hemos dejado de creerle a Dios y de actuar por fe en sus promesas. ¡Recordemos que Sus promesas nunca falla!
Mientras la nación esperaba a orillas del río Jordán, el pueblo debió haberse preguntado qué planeaba hacer Josué. Ciertamente no les pediría que atravesaran el río nadando o vadeándolo, porque el río estaba desbordado en ese tiempo (Josué 3:15). No podían construir suficientes botes para transportar de un lado a otro a más de un millón de personas.
Además, ese procedimiento los habría convertido en blancos perfectos para sus enemigos. ¿Qué iba a hacer su nuevo líder? Al igual que Moisés antes que él, Josué recibió sus órdenes del Señor y las obedeció por fe. No olvidemos "la fe es por el oír, y el oír, por la Palabra de Dios" (Ro. 10:17). Bien se ha dicho que fe no es creer a pesar de la evidencia, sino obedecer a pesar de la consecuencia. Cuando leemos Hebreos 11, el gran "capítulo de la fe" en las Escrituras, descubrimos que todas las personas allí mencionadas hicieron algo porque le creyeron a Dios. Su fe no era un sentimiento pasivo; era una fuerza activa. Porque Abraham le creyó a Dios y salió de Ur en dirección a Canaán. Porque Moisés le creyó a Dios, desafió a los dioses de Egipto y condujo a los judíos hacia la libertad. Porque Gedeón le creyó a Dios, dirigió a una pequeña banda de judíos y derrotó a un inmenso ejército madianita. Vivir por fe siempre lleva a la acción. "Porque como el cuerpo sin espíritu está muerto, así también la fe sin obras está muerta" (Stg. 2:26). En este párrafo usted encontrará cinco mensajes diferentes, todos ellos basados en la Palabra de Dios, que es "la palabra de fe" (Ro. 10:8). El pueblo obedeció estos mensajes por fe, y Dios los condujo al otro lado del río.
El Mensaje de los Oficiales al Pueblo (vv. 1-4)

El Lider:
Josué era madrugador (6:12; 7:16; 8:10) y pasaba las primeras horas del día en comunión con Dios (1:8). En esto fue semejante a Moisés (Ex. 24:4; 34:4), a David (Sal. 57:8; véase 119:147), a Ezequías (2 Cr. 29:20), y a nuestro Señor Jesucristo (Mr. 1:35; véase Is. 50:4). Es imposible vivir por fe e ignorar la Palabra de Dios y la oración (Hch. 6:4), ya que la fe se nutre con la adoración y la Palabra. Las personas a quienes Dios usa y bendice saben cómo disciplinar sus cuerpos para poder darse al Señor en las primeras horas del día. Josué ordenó que el campamento se trasladara dieciséis kilómetros desde El valle de Acacia (Sitim) hacia el Jordán; sin duda alguna, los habitantes de Jericó observaron esta marcha con gran aprensión. Probablemente a Israel le tomó un día hacer este recorrido; descansaron al día siguiente; y al tercer día los oficiales dieron la orden: el pueblo debía cruzar el río, siguiendo el arca del pacto.

El Arca:
Se menciona dieciséis veces en los capítulos 3 y 4. Es llamada diez veces "el arca del pacto (testimonio)", tres veces "el arca (del pacto) de Jehová", y tres veces simplemente "el arca". Era el "trono de Dios", el lugar donde su gloria reposaba en el tabernáculo (Ex. 25:10-22) y Dios estaba" entre querubines" (Sal. 80:1).

La Ley de Dios:
  La Ley se mantenía guardada en el arca corno un recordatorio del pacto de Dios con Israel; y la sangre de los sacrificios era rociada en el propiciatorio cada año en el día de la expiación (Levítico. 16:14, 15).

La Nación:
Para el pueblo era un incentivo para su fe que el arca estuviera al frente, porque significaba que su Dios iba delante de ellos abriendo el camino. Dios había prometido a Moisés: "Mi presencia irá contigo, y te daré descanso" (Ex. 33:14). Cuando la nación estuvo marchando en el desierto, el arca siempre fue delante de ellos (Nm. 10:33); y "cuando el arca se movía, Moisés decía: “Levántate, oh Jehová, y sean dispersados tus enemigos, y huyan de tu presencia los que te aborrecen” (Nm. 10:35). En aquella ocasión, la presencia del arca era una garantía de la presencia misma del Señor. Cada una de las tribus tenía asignado un lugar en el campamento y un orden asignado en la marcha y cuando levantaban el campamento (Jos. 2).

Cuando los líderes de las tribus vieran a los sacerdotes cargando el arca y acercándose al río, debían preparar a su gente que los siguieran. Como el pueblo no había viajado antes de esta manera, necesitaban que Dios los guiara. Pero no debían acercarse demasiado al arca, porque era un mueble del tabernáculo que no podía tratarse negligentemente. Debemos recordar que Dios es nuestro compañero diario en nuestro tránsito por la vída, pero no debernos atrevernos a tratarlo corno si fuera un "compinche".
Autor: W. Wiersbe - Curso: Seamos Fuertes - Estudie Gratis la Biblia. Para inscribirse ingrese a: www.bbnbi.org - (Español) y luego haga clic en Ayudas a sus Preguntas. La Ayuda No. 1 dice Cómo Inscribirse.

Escrito por:   W. Wiersbe - Curso: Seamos Fuertes    Fecha de publicación  9/29/2016 11:26 AM
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