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Pero Él da mayor gracia

"Pero él da mayor gracia".  Santiago 4:6

La Biblia es el Libro de la Gracia. Dios se revela en ella como el Dios de gracia. Algunos definen la gracia como el favor inmerecido que el Señor nos otorga. Pero es mucho más, es el amor que desciende. Generalmente en el entorno de la gracia se descubre a Dios descendiendo al lado de la criatura para su ayuda. Nuestro texto habla de gracia abundante. Santiago está escribiendo una carta a personas que están pasando por muchas pruebas. Les ha dicho que tengan gozo en medio de ellas (Santiago 1:2). Les ha recomendado que si no son capaces de entender por qué se producen, que pregunten a Dios (Santiago 1:5), y ahora descubre que es posible superar las dificultades, ya que “Dios da mayor gracia” (Santiago 4:6). Será bueno para cada uno recordar algo sobre esa gracia.

La gracia de Dios en esa dimensión sobreabundante se ha manifestado para salvación.
Pablo dice de manera que “cuando el pecado abundó, sobreabundó la gracia” (Ro. 5:20). En el impulso de la gracia Dios mismo descendió a nuestras miserias y nos alcanzó en nuestro extravío. Vino para darnos vida cuando estábamos muertos en delitos y pecados (Ef. 2:5). Para eso desciende desde la gloria hasta la cruz y da su vida para que nosotros en su muerte alcancemos vida eterna. Dios nos buscó, descendiendo a donde estábamos y  conduciéndonos a Cristo. Nos libró del poder de las tinieblas y nos trasladó al reino de su amado Hijo (Col. 1:1). Recordando esa bendición podemos decir también: “Pero Él da mayor gracia”.

La gracia que salva es la que sigue con nosotros durante nuestra vida, incluso cuando ésta discurre por situaciones límites.
Ahí en donde el alma se estremece, las lágrimas brotan, la angustia oprime el pecho, el camino se hace sombrío, donde desaparece la ilusión y la pregunta “¿por qué, Señor?” se hace grito angustioso desde el fondo del alma, es donde necesitamos esa mayor gracia. Esa gracia no es próxima, es íntima. No está cerca de nosotros, está en nosotros mismos. Las pruebas y dificultades se producen en la admirable compañía del Señor. Oigamos su promesa: “Con él estaré yo en la angustia” (Sal. 91:15) ¡Qué enorme bendición, hay angustia, pero en esa situación el Señor está presente con nosotros! Su gracia viene a proveer de paz, a enjugar las lágrimas y, sobre todo, a decirnos: “Yo estoy contigo todos los días”. Cuando las fuerzas personales flaquean y la tristeza impacta, los recursos de su gracia están a nuestra disposición. Cuando eres cuestionado por quienes no saben hacer otra cosa, difamado por los que dicen hacerlo en defensa de sus convicciones, perseguido sin causa,  la provisión de aliento está en tomar esta verdad por fe y hacerla propia. En decir al Señor, aquí estoy yo y aquí está mi carga, la pongo en tus manos, creo que tienes provisión abundante para hacerme superar todo esto, confío y descanso en ti. Al alma sedienta llega entonces el agua abundante de la gracia y la incertidumbre se cambia por la firmeza de la fe; y entonces, he podido decir siempre con gratitud: “Pero Él da mayor gracia”. Podrá fallar todo, pero nunca faltará la provisión de Su gracia. Puedo decirte como testimonio personal que esta es la más gloriosa experiencia en mi propia vida, hoy puedo decir con firme gratitud: “Pero Él da mayor gracia”.

Solo Cristo y su gracia es la razón de la vida, la orientación del ministerio, la fuerza para caminar en fidelidad. No importan las circunstancias, ni el rugir del enemigo, ni la maledicencia de los impíos, ni los huracanes desatados contra nosotros. La provisión divina supera en todo esas situaciones. Hace años que he tomado la decisión de vivir en la gracia, predicar la gracia y alentar a todos en la gracia, porque, esencialmente, en esa misma gracia quiero tener cada día la experiencia que me permita decir: Para mí el vivir es Cristo.
 
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Escrito por:   Pastor Samuel Pérez Millos.    Fecha de publicación  2/1/2017 9:24 AM
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