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No podemos huir de la Voluntad de Dios - Segunda parte
Debido a que Dios nos da libre albedrío, podernos elegir ignorar la voluntad de Dios, discutirla, desobedecerla y luchar contra ella. Si obedecernos la voluntad de Dios, todo en la vida permanece unido; pero cuando le desobedecemos, todo empieza a desmoronarse. En ninguna parte de la Biblia aparece mejor ilustrada esta verdad que en las experiencias de Elimelec y su esposa Noemí. Vemos en este capítulo errores que debernos evitar cuando nos enfrentarnos a los problemas y las pruebas de la vida.
Incredulidad: tratar de huir de nuestros problemas (Rut 1:1-5)
La Decisión: Cuando las dificultades vienen a nuestra vida, podemos hacer una de estas tres cosas: aguantarlas, huir de ellas o usarlas para nuestro bien. Si solamente soportamos nuestras pruebas, estas terminan dominándonos, y la tendencia es endurecernos y amargarnos. Si tratamos de escapar de las pruebas, lo más probable es que entonces perdamos el propósito que Dios quiere lograr en nuestra vida mediante ellas. Pero si aprendemos a manejarlas se convierten en nuestros servidores en vez de dominarnos; y Dios hará que todas las cosas ayuden para nuestro bien y para su gloria (Ro. 8:28). Elimelec se equivocó cuando tomó la decisión de dejar su hogar. ¿Qué hizo que su decisión fuera tan errónea?

Caminó por vista y no por fe. Abraham cometió el mismo error cuando se enfrentó a la hambruna en la Tierra Prometida (Gn. 12:l0ss). En vez de esperar a que el Señor le dijera qué hacer, se marchó a Egipto y se metió en problemas. No importan cuán difíciles sean nuestras circunstancias, el lugar mejor y más seguro es en la voluntad de Dios. Es muy fácil decir con David: "¡Quién me diese alas como de paloma! Volaría yo, y descansaría" (Sal. 55:6). Pero es más sabio reclamar la promesa de Isaías 40:31 y esperar en el Señor para recibir "alas como las águilas" y por fe elevarnos por encima de las tormentas de la vida. No podemos huir de nuestros problemas.
¿Cómo podemos caminar por fe? Reclamando las promesas de Dios y obedeciendo su Palabra, a pesar de lo que veamos, de cómo nos sintamos, o de lo que pueda ocurrir. Significa comprometernos con el Señor y depender completamente de El para satisfacer nuestras necesidades. Cuando vivimos por fe, glorificamos a Dios, damos testimonio a un mundo perdido y edificamos el carácter cristiano en nuestra vida. Dios ha establecido que "el justo por la fe vivirá" (Hab. 2:4; Ro. 1:17; 9á. 3:11; He. 10:38; 2 Co. 5:7); y cuando rehusamos confiar en El, estamos llamándole mentiroso y deshonrándole. Hay una sabiduría de este mundo que lleva a la insensatez y al dolor, y hay una sabiduría de Dios que parece necedad al mundo, pero que lleva a la bendición (1 Co. 3:18-20; Stg. 3:1318). "¡Ay de los sabios en sus propios ojos, y de los que son prudentes delante de sí mismos!" (Is. 5:21).

Se especializó en lo físico y no en lo espiritual. Un esposo y padre procura sin duda atender a las necesidades de su esposa y  familia, pero no debe hacerlo a expensas de perder las bendiciones de Dios. Cuando Satanás fue al encuentro de Cristo en el desierto, su primera tentación fue sugerirle que satisficiera su necesidad de hambre antes que agradar a su Padre (Mt. 4:1-4; véase Jn. 4:34). Una de las mentiras favoritas del diablo es: "¡Tienes que vivir!" Pero es en Dios que "vivimos, y nos movemos, y somos" (Hch. 17:28); y El ciertamente puede cuidar de nosotros.
El testimonio de David es digno de consideración: "Joven fui, y he envejecido, y no he visto justo desamparado, ni su descendencia que mendigue pan" (Sal. 37:25). Cuando Pablo se enfrentaba a un futuro amenazador, dio testimonio diciendo: "Pero de ninguna cosa hago caso, ni estimo preciosa mi vida para mí mismo" (Hch. 20:24). En tiempos de dificultad, si morimos a nuestro yo y ponemos a Dios primero (Mt. 6:33), podemos estar seguros que Él nos sacará de las dificultades o nos ayudará a pasar por ellas.

Honró al enemigo en vez de al Señor.
Al marcharse a ochenta kilómetros a la vecina tierra de Moab, Elimelec y su familia abandonaron la tierra de Dios y al pueblo de Dios para irse a la tierra y al pueblo del enemigo. Los moabitas eran descendientes de Lot por medio de la unión incestuosa con su hija primogénita (Gn. 19:30-38), y eran los enemigos de los hebreos por la manera en que trataron a Israel durante su peregrinaje por el desierto en el camino de Egipto a Canaán (Dt. 23:3-6; Nm. 22-25). En el tiempo de los jueces, Moab había invadido Israel y lo tuvieron sometido durante dieciocho años (Jue. 3:12-14); ¿por qué, pues, Elimelec se fue a buscar ayuda en Moab? Era un pueblo orgulloso al que Dios desdeñaba: "Moab, vasija para lavarme", dijo el Señor (Sal. 60:8), una imagen de una nación humillada lavando los pies de los soldados conquistadores.

Las consecuencias. El nombre Elimelec significa "mi Dios es rey". Pero el Señor no era rey en la vida de Elimelec, porque le dejó completamente fuera de sus decisiones. Tomó la decisión de marchar a Moab en contra de la voluntad de Dios, y esto les llevó a otra mala decisión cuando sus dos hijos se casaron con mujeres moabitas. Mahlón se casó con Rut (Rut 4:10), y Quelión se unió con Orfa. Los israelitas tenían prohibido casarse con mujeres gentiles, especialmente con las de Amón y Moab (Dt. 7:1-11; 23:3-6; Neh. 13:1-3; Esd. 9:1-4). Fueron las mujeres moabitas en el tiempo de Moisés las que hicieron caer en inmo ralidad e idolatría a los hombres hebreos; y como consecuencia 24.000 de ellos murieron (Nm. 25).
Elimelec y su familia huyeron de Judá para escapar de la muerte, pero los tres hombres se encontraron con la muerte de todas formas. La familia había planeado "residir" solo temporalmente en Moab, pero se quedaron allí por diez años (Rut 1:4). Al final de aquella década de desobediencia, todo lo que quedaba eran tres viudas solitarias y tres tumbas hebreas en tierra pagana. Todo lo demás había desaparecido (v. 21). Esas son las tristes consecuencias de la incredulidad. No podemos huir de nuestros problemas. No podemos evitar llevar con nosotros la causa básica de la mayoría de nuestros problemas, que es un corazón incrédulo y desobediente. "La mayoría de nosotros comenzamos con los grandes problemas del exterior y nos olvidamos del que tenemos dentro de nosotros", escribió Oswald Chambers. "Un hombre tiene que conocer 'la plaga de su propio corazón' antes de que sus propios problemas puedan ser resueltos."

¡No huyamos de la Voluntad de Dios, dediquemos nuestra vida!


Autor: W. Wiersbe – Curso: Seamos Dedicados - Estudie la Biblia Gratis. Para inscribirse en el Instituto Bíblico de BBN, ingrese a: www.bbnbi.org - (Español) y luego haga clic en Ayudas a sus Preguntas. La Ayuda No. 1 dice Cómo Inscribirse.

Escrito por:   W. Wiersbe – Cursos Seamos Dedicados    Fecha de publicación  4/7/2017 4:20 PM
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