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Tenemos razones magníficas para estar gozosos

¿Qué aprendemos en la Biblia sobre el gozo, especialmente de las más de 70 referencias al gozo en el Nuevo Testamento?

- En primer lugar, vemos que el gozo es importante para Jesús. Durante la cena de la pascua que Él compartió con sus discípulos poco antes de su crucifixión, Jesús describió la relación especial que Él tendría con sus discípulos si ellos permanecían en Él y en su amor. Jesús terminó esta sección de su enseñanza con estas palabras: «Estas cosas os he hablado, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea cumplido» ano 15:11). Jesús quería que sus discípulos conociesen el gozo de la comunión con Él, un gozo al máximo.

- También vemos que ese gozo genuino -que está enraizado en Cristo- es una expresión de santidad.
El gozo es una señal segura de la presencia de Dios en nuestra vida. Expresado de manera diferente, nuestro gozo es «el gozo de Dios que pasa al cristiano», «un gozo cuyo fundamento es Dios». Aunque el gozo es esencial para la santidad, a menudo parece ausente en nuestra vida a pesar del hecho que como hijos de Dios, tenemos algunas razones magníficas para estar gozosos. Considere, por ejemplo, que debido a que nuestro gozo está arraigado en nuestro todo amantísimo e inmutable Dios, nuestro gozo es permanente. En Juan 16:22 Jesús dice «nadie os quitará vuestro gozo». Sin embargo, algo que nos puede quitar el gozo que Dios nos proporciona es nuestro fracaso en andar en el Espíritu (Gá. 5:16). El Espíritu Santo hace que su fruto crezca en nuestra vida a medida que permanecemos en Cristo y andamos según su Espíritu en obediencia a sus caminos.

- Además, puesto que está arraigado en nuestro fiel y omnipresente Dios, nuestro gozo está siempre disponible.
Se nos anima, por lo tanto, a «regocijaos en el Señor siempre» (Fil. 4:4; véase también 1 Ts. 5:16). Cualesquiera que sean las circunstancias de nuestra vida, tenemos acceso a la Fuente del gozo verdadero en todo momento que acudamos a Él.

- Nuestro gozo también es «inefable» (1 P. 1:8); es un «gozo que trasciende las palabras». Descrito como una «muestra del gozo celestial», el gozo cristiano no se puede expresar ni articular plenamente. No podemos explicar por qué sentimos gozo cuando nada en nuestra vida sugiere que deberíamos sentirnos gozosas, y ese hecho señala a un punto común de confusión acerca del gozo. El gozo espiritual verdadero no es felicidad. La «felicidad»es un estado de buena fortuna y prosperidad. Por definición, la felicidad se relaciona con las circunstancias y depende de éstas. Si todo marcha bien, nos sentimos felices, pero tan pronto como una nube oscura o la irritación entra en nuestra vida, nuestra felicidad se esfuma. La felicidad puede ser un gozo falso y, puesto que las circunstancias fáciles no son la norma de la vida (Jn. 16:33), la felicidad es fugaz. De hecho, el apóstol Pablo predicó la verdad de que «todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo Jesús padecerán persecución» (2 Ti. 3:12).

- El gozo de Dios es un don de gracia para nosotros a medida que encontramos la dificultad, la tribulación y la persecución de vivir en este mundo. Este gozo sobrenatural, dado por medio del Espíritu de Dios, transciende todas las condiciones de la vida. Como hijos de Dios mediante el nuevo nacimiento podemos beber hasta la saciedad de la interminable corriente de gozo de Dios, ¡sin importar lo que la vida nos ofrezca! Deténganse y alabe a Dios porque nuestro gozo como cristianos:

• No depende de las circunstancias, sino de las realidades espirituales de la bondad de Dios, su amor incondicional hacia nosotros y su gran victoria sobre el pecado y las tinieblas.

• No se basa en nuestros esfuerzos, logros, ni fuerza de voluntad, sino más bien en la veracidad de nuestra relación con el Padre a través del Hijo.

• No es una mera emoción, sino el resultado de elegir mirar más allá de lo que parece ser verdadero en nuestra vida a lo que es verdadero sobre nuestra vida perdonado, salvado y redimido por Cristo.

En resumen, nuestro gozo espiritual no es «una experiencia que procede de circunstancias favorables sino de un sentimiento de bienestar que reside en el corazón de la persona que sabe que todo está bien entre ella/ él y el Señor.»
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Escrito por:   E. George - El Jardín de la Gracia de Dios    Fecha de publicación  11/27/2017 10:29 AM
Número de visitantes  947


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