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LAS VOCES DE NAVIDAD
Lectura: Mt. 2:1-20
Por más de 7 siglos la voz profética de la Palabra de Dios había preservado el misterioso nacimiento del Niño Rey, y por un periodo de 400 años de silencio Dios estaba preparando la majestuosa venida del Mesías, aquel Niño Rey que el cumplimiento del tiempo iba a irrumpir en la historia y a entrar en el escenario del mundo, nacido de mujer y nacido bajo la ley. Pero, ¿Por qué, las voces de la Navidad? Porque Navidad es una noche donde se oyen muchas voces. Es una noche donde se irrumpen voces de recuerdos, mezclado con un sentimiento que se torna la mayoría de las veces en resentimientos y reproches contra Dios. Estos recuerdos hacen que perdamos la perspectiva del muy mencionado gozo de esos días y los significados que hay detrás de la Navidad de Jesús. Son las voces que revelan la condición y el corazón del hombre sin Cristo, sin esperanza y sin Dios en el mundo.
En aquella noche de Navidad cuando Jesús nació en Belén de Judea, se escucharon muchas voces como las que escuchamos en nuestras Navidades de estos días. Pero, ¿qué voces se escuchó en aquella Navidad cuando Jesús nació en Belén? La voz de:

I. Los Apáticos religiosos. (v.4-6)
Cuando Jesús nació en Belén nadie había presumido dónde ni cómo habría de nacer el esperado Mesías. En su nacimiento no fue recibido con Júbilo, ni gozo y alegría, sino que el Hijo eterno vino a nacer en medio de un pueblo apático y apartado de Dios. Un Israel que ignoró los acontecimientos del nacimiento del Niño Rey. “Los sacerdotes y escribas podrían citar las Escrituras y dar una respuesta teológicamente correcta, pero tal cosa no vale nada para Dios cuando el corazón anda mal” (Bevan).
Hoy podemos decir que son más los que llegan a esta Navidad con un corazón apático que con un corazón agradecido. La gente ha perdido el verdadero sentido y el verdadero significado que hay detrás de la Navidad de Jesús. Hay personas que se tornan apáticas y no quieren saber que detrás del nacimiento del Niño Rey, tiene el profundo significado de la salvación de todos los hombres como vemos en la Biblia: “Porque la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres (Tit. 2:11). El cual quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad” (2 Ti. 2:4). Para muchas personas lo que cuenta no es el recuerdo del nacimiento del niño Jesús, sino una noche de fiestas, diversión y una buena comida, la sidra y el buen vino.

Las voces de los apáticos se pueden oír cuando sus corazones se revelan y rehúsan creer y aceptar que todo el propósito de Dios, al enviar a su Hijo al mundo fue para salvar al hombre muerto en sus delitos y pecados. Las personas que ignoran los significados del nacimiento del Niño del pesebre de Belén, llegan a la Navidad levantando sus voces en apatía diciendo como en aquel entonces: “¡no queremos que este reine! ¡Fuera con éste! Así es, nadie quiere tener a Jesús en la mesa de Navidad ni en sus fiestas, porque ¿qué comunión tiene la luz con las tinieblas? Cuando Jesús vino a nacer a este mundo, nació en medio de un mundo como dice el evangelista Mateo: “El pueblo asentado en tinieblas vio gran luz; y a los asentado en región de sombra de muerte, Luz les resplandeció” (Mt. 4:16).

La Biblia dice que la luz vino al mundo, pero los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas (Jn. 3: 19-20). Sin embargo, los apáticos nunca piensan en el propósito del nacimiento de Cristo, sino en que su mesa de Navidad esté repleta de provisiones después de todo, dicen ellos, si Jesús nació en Belén y si vino a salvar, eso es historia. ¡Qué tristeza trae al corazón de Dios cuando los hombres y mujeres piensan sólo en comer y beber, y se olvidan del gran mensaje que los ángeles anunciaron a los pastores en aquella noche de Navidad! diciendo: “…he aquí os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo: que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es Cristo el Señor” (Lc. 2:11). Cuando Jesús venga a buscar a todos los que confiaron en Él, la Biblia dice que será como en los días de Noé, donde la gente apática que no creía que iba a venir el diluvio, estaban comiendo y bebiendo y haciendo fiesta, hasta que se cumplió lo que Noé había profetizado y el diluvio se los llevó a todos los que no creían.

El deseo de Dios es que tú llegues a creer en todo lo que Jesús hizo allí en el Calvario por tu pecado. En aquella Navidad lo que más tristeza trajo al corazón de Dios fue ver a un pueblo, al pueblo de Su promesa, de Su pacto darle las espaldas a Aquel que vino a dar su vida en rescate por ellos. Juan 1:12 dice: “A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron. Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios” Solamente unos magos y unos pastores que velaban y guardaban las vigilias de la noche sobre su rebaño, sólo ellos mostraron verdadero interés y no fueron indiferentes ante la revelación Divina que los ángeles anunciaron en aquella Navidad, sino que fueron hasta Belén para ver lo que había sucedido y creyeron en todo cuanto habían oído.



Escrito por:   Pastor Alfonso Rojas    Fecha de publicación  12/20/2019 2:59 PM
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