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Dios protege y libera a su pueblo en los tiempos difíciles - Éxodo
El Antiguo Testamento es la "historia continuada" del gran programa de salvación de Dios, que Él mismo anunció a Adán y Eva (Gn. 3:15) y a Abraham (12:1-3). Eso explica por qué el texto hebreo del libro de Éxodo empieza con la palabra "y", ya que Dios continúa con la historia que empezó en Génesis.La historia maravillosa de Dios llevó por último a la venida de Cristo a la tierra y a su muerte en la cruz, la cual no terminará hasta que el pueblo de Dios vaya al cielo y vea a Jesucristo en el trono. ¡Qué gran historia!
El tema del libro de Éxodo es la liberación, y no se puede tener liberación sin un libertador. Ahí es donde entra Moisés, el gran libertador, legislador y mediador.

Se necesita al libertador (Ex. 1:1-22)
Los rabies judíos llaman al libro de Éxodo "El libro de los nombres" (o "estos son los nombres") porque comienza con la lista de los nombres de los hijos de Jacob (Israel) quien llevó a su  familia a Egipto para escapar de la hambruna en Canaán (Gn. 46).
Dios usó las experiencias del pueblo de Israel en Egipto para prepararlos en las tareas especiales que les había dado ha realizar en la tierra: dar testimonio del Dios vivo y verdadero, escribir las Sagradas Escrituras y traer al Salvador al mundo.
La bendición (Ex. 1:1-7).
Durante los años que José sirvió como primer ministro de Egipto, su familia fue muy respetada; e incluso después de la muerte de José, su recuerdo fue honrado por la forma en que los egipcios trataron a los hebreos. Dios cumplió su promesa a Abraham bendiciendo a sus descendientes y haciendo que se multiplicaran en gran manera (Gn. 12:1-3; 15:5; 17:2, 6; 22:17). En el tiempo del éxodo había más de 600.000 hombres de veinte años de edad en adelante (Ex. 12:37;38:26); y cuando se añaden las mujeres y los niños, el total bien puede haber estado cerca de los tres millones de personas, todos los cuales descendían de la familia original de Jacob. ¡Dios ciertamente cumplió su promesa!
Pero el nuevo Faraón no se sentía feliz con la rápida multiplicación de los hebreos, de manera que dio algunos pasos con el fin de controlarla.

Primer paso: Afligir a los adultos (Ex. 1:8-14). Dios le había dicho a Abraham que sus descendientes irían a un país extranjero y que allí serían esclavizados y maltratados, pero también prometió que Él los libertaría mediante su poder en el momento oportuno (Gn. 15:12-14). Dios comparó a Egipto con un "horno de hierro" (v. 17; véase Dt. 4:20) donde su pueblo habría de sufrir para, por medio de sus experiencias en aquel horno, transformar a los israelitas en una gran nación (Gn. 46:3).
Durante los siglos que los hebreos estuvieron en Egipto (Gn. 15:13; Ex. 12:40, 41), vieron a muchas dinastías aparecer y desaparecer; pero, ¿quién era el nuevo rey que desconocía a José y a su familia y que trató de destruir al "pueblo de los hijos de Israel"?3 La decimoséptima dinastía, los hicsos, eran "extranjeros" en la tierra, igual que los hebreos, de manera que probablemente fueron comprensivos con el pueblo de Israel; pero la decimoctava dinastía era egipcia y sus reyes expulsaron del país a los extranjeros. Puede que esta fuera la dinastía que empezó la persecución del pueblo de Israel.
¿Por qué iban a querer los egipcios hacer miserable la vida de los hebreos? Israel era una fuente de bendición en el país, como lo había sido José antes de ellos (Gn. 39:1-6), y no estaban causando dificultades. La razón que el Faraón declara, es que la presencia de tantos judíos era un riesgo para la seguridad del país, puesto que los hebreos eran extranjeros; si se producía una invasión, no habría duda de que ellos se aliarían con el enemigo. Sin embargo, sea que el Faraón lo llevará a cabo o no, la verdadera causa era el conflicto anunciado en Génesis 3:15, la enemistad entre el pueblo de Dios y los hijos de Satanás, un conflicto que hoy continúa todavía vigente.
Ningún pueblo en la historia conocida ha sufrido tanto como el pueblo hebreo, pero toda nación o gobernante que ha perseguido a los israelitas ha sido castigado por ello. Después de todo, la promesa de Dios a Abraham fue: “Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré" (Gn. 12:3). Dios cumplió esa promesa por la manera en que trató con Egipto y Babilonia en el mundo antiguo, y con Stalin y Hitler en los tiempos modernos. Dios es paciente al ver a las naciones perseguir a su pueblo escogido, pero al final su mano de juicio cae sobre los opresores.
Los capataces egipcios "hicieron servir a los hijos de Israel con dureza" (1:13), forzando a los esclavos hebreos a construir ciudades y a trabajar en los campos. Pero la bendición de Dios hizo que los israelitas continuaran multiplicándose, lo que asustó y enfureció aún más a los egipcios. Tenían que hacer algo más si querían mantener bajo control a los israelitas.

Segundo paso: Matar a los niños hebreos que nacieran (Ex. 1:15-21). Si este plan hubiera tenido éxito, el Faraón habría aniquilado al pueblo hebreo. Las futuras generaciones de hombres habrían muerto y las niñas habrían terminado casándose con esclavos egipcios, de manera que hubiesen sido absorbidos dentro de la raza egipcia. Pero Génesis 3:15 y 12:1-3 dicen que Dios no permitiría que eso sucediera, y usó a dos parteras hebreas para burlarse del Faraón.
Este es el primer ejemplo que tenemos en las Escrituras de lo que hoy llamamos "desobediencia civil", cuando el pueblo rehúsa obedecer una ley injusta por causa de un bien superior. Pasajes bíblicos como Mateo 20:21-25, Romanos 13, y 1 Pedro 2:11 exhortan a los cristianos a obedecer a las autoridades humanas; pero Romanos 13:5 nos recuerda que nuestra obediencia no debe violar nuestra conciencia. Cuando las leyes de los hombres son contrarias a las leyes de Dios, debemos entonces "obedecer a Dios antes que a los hombres" (Hch. 5:29). Vemos ejemplos de esto no solo en el caso de las parteras, sino también de Daniel y sus amigos (Dn. 1;3; 6) y de los apóstoles (Hch. 4-5)."
¿Le estaban mintiendo las parteras al Faraón? Probablemente no. Los bebés nacían antes de que llegaran las parteras porque Sifra y Fúa les habían dicho a sus asistentes que llegarían tarde. Dios bendijo a las dos comadronas principales por arriesgar su propia vida con el fin de salvar a la nación israelita de la aniquilación. Sin embargo, honró a estas dos mujeres de una manera extraña: ¡Les dio hijos en un momento cuando era peligroso tenerlos! Quizá solo tuvieron hijas, o quizá Dios protegió a sus hijos de la misma manera que lo hizo con Moisés. No obstante, esta bendición de Dios muestra cuán preciosos son los hijos para Dios. Él quiso dar a estas dos mujeres su mejor recompensa, de manera que les dio hijos (Sal. 127:3).

Tercer paso: Echar a los niños al río (Ex. 1:22). Cuando el Faraón descubrió que su plan no se había cumplido, lo cambió y ordenó a todo su pueblo que le ayudará echando a los bebés varones al río Nilo. La policía de Faraón no podía controlar a cada partera hebrea, pero el pueblo egipcio sí podía vigilar a los esclavos hebreos e informar de los bebés varones que nacieran. Pero nacería un niño que el Faraón no podría matar.
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Escrito por:   W. Wiersbe – Cursos Seamos Libertados    Fecha de publicación  8/5/2020 10:51 AM
Número de visitantes  1198


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