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¡La Búsqueda de Dios!
La teología cristiana enseña que antes que el hombre busque a Dios, Dios  le está buscando. Buscamos a Dios porque El ha puesto en nosotros deseos de dar con El. El hombre de ciencia moderno ha perdido a Dios entre las maravillas de su mundo. Nosotros los cristianos corremos peligro de perder a Dios entre las maravillas de su Palabra. Casi hemos olvidado que Dios es una persona, y que por lo tanto puede cultivarse la amistad como con cualquier otra persona. Es propio de las personas conocer a otras personas, pero no se puede conocer a una en un solo encuentro. Solo al cabo de un prolongado trato y compañerismo se logra pleno conocimiento. Dios es una persona, y en las profundidades de su poderosa persona naturaleza piensa, tiene deseos, goces, sentimientos, amor y padecimientos. Para darse a conocer a nosotros se nos presenta  como una persona. El intercambio continúo e interrumpido de amor y pensamiento entre Dios y el alma del creyente, es el corazón palpitante de la religión del Nuevo Testamento. Habiendo sido hechos a la imagen de Dios, tenemos la facultad de conocerle. Cuando estamos en el pecado carecemos ese poder, pero cuando el Espíritu Santo nos da vida en la regeneración, todo nuestro ser  siente parentesco con Dios. Pero la regeneración o nuevo nacimiento, no es el fin del proceso sino simplemente el comienzo. Es el momento cuando comenzamos la búsqueda, la feliz exploración que hace el alma en busca de las inescrutables riquezas de la Divinidad. Es ahí donde comenzamos, pero nadie puede decir donde nos detendremos, pues las misteriosas profundidades de Dios, Trino y Único, no tienen fin.
San Bernardo escribió: Gustamos de ti, santo y vivo pan y ansiamos seguir comiendo aun más; Bebemos de ti, puro manantial sin querer dejar de beber jamás. Moisés se valió de su conocimiento de Dios para pedir conocerle más "Ahora, pues, si he hallado gracia en tus ojos, te ruego que me muestres ahora tu camino, para que te conozca, y halle gracia en tus ojos; y mira que esta gente es pueblo tuyo" Éxodo 33:13. Después se atrevió a hacer una solicitud aun más atrevida "Te ruego que me muestres tu Gloria"(vs.18). A Dios le agradó este despliegue y al siguiente día le dijo a Moisés que subiera al monte y allá le hizo ver su Gloria. Pablo también afirma que el más grande deseo de su corazón era hallar a Cristo "Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo" (Filipenses 3:8). Es trágico que dejemos la búsqueda a de Dios a unos pocos maestros, en lugar de realizarla cada uno de nosotros. Hacemos depender toda la vida cristiana del acto inicial de aceptar a Cristo, hemos caído en las redes de la falsa lógica que dice "si ya tienes a Dios, no necesitas buscarle". Reconozco que hay muchos, en medio de esta general tibieza, que se conforman con esa lógica superficial. Mi deliberada intención es estimular este deseo de hallar a Dios. Es la carencia de ese deseo, de esa hambre, aquello ha  producido desgano, tibieza y desinterés en el cual está sumida la Iglesia. La vida religiosa, fría, y mecánica que vivimos es aquello que ha producido la muerte de esos deseos. La complacencia es la enemiga mortal de todo crecimiento espiritual. Si no sentimos vivos deseos de verle, Cristo nunca se manifestará a su pueblo. !El quiere que le deseemos! Y es triste decirlo, pero Cristo nos esta esperando a muchos de nosotros por mucho tiempo.

Libro: La Búsqueda de Dios.
Utilizado con permiso de la editorial Centros de Literatura Cristiana.

Escrito por:   A.W.Tozer    Fecha de publicación  8/18/2008 3:51 PM
Número de visitantes  1930


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