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¿Cómo se puede explicar el sufrimiento humano en su relación con el hijo de Dios?
¿Por qué alguien como Pablo, que fue salvado por gracia y cuyos pecados habían sido perdonados y que sirvió Dios, es colocado en tales circunstancias como las que experimentaba en prisión?
La respuesta se halla en varios pasajes de las propias epístolas de Pablo, y por lo menos se pueden enumerar cuatro razones principales sobre por qué los cristianos sufren.
    Primeramente, el sufrimiento puede entrar en la vida del creyente a causa de su propio fracaso en no juzgar el pecado en su vida. Pablo se refiere a esto en 1Corintios 11:31-32, donde escribe, después de llamar la atención al juicio de Dios sobre los corintios,  “Si, pues, nos examinásemos a nosotros mismos, no seríamos juzgados; mas siendo juzgados, somos castigados por el Señor, para que no seamos condenados con el mundo”. En otras palabras, la iglesia de Corinto había experimentado debilidad física, e incluso muerte, debido al fracaso de ellos al no juzgar sus propios pecados. No obstante, éste no parece ser el caso de Pablo.
    Segunda, Pablo menciona otra razón del sufrimiento en Romanos 5:3-5, y aquí presenta el sufrimiento como un medio para adquirir experiencia espiritual. Pablo escribió allí: “Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia; y la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza; y la esperanza no avergüenza; porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado”.
Una sobresaliente ilustración de esto es el caso de Job en el Antiguo Testamento, que es descrito como un hombre perfecto y justo, pero al que en cambio se le permite sufrir, con el fin que por medio del sufrimiento pudiera aprender más de la naturaleza de Dios y de sus tratos con el hombre.
    Tercera, otra causa de sufrimiento es que constituye un instrumento para prevenir el pecado en la vida del cristiano. Pablo alude a esto en 2Corintios, donde afirmó su propia experiencia de un aguijón en la carne: Y para que la grandeza de las revelaciones no me exaltase desmedidamente, me fue dado un aguijón en mi carne, un mensajero de Satanás que me abofetee, para que no me enaltezca sobremanera; respecto a lo cual tres veces he rogado al Señor, que lo quite de mí. Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo. (2Corintios 12:7-9)
No hay ninguna evidencia que Pablo hubiera sido encarcelado para prevenirle de pecado, no siendo su encarcelamiento el aguijón en su carne.
    Cuarta, una importante razón para sufrir es a fin de poder incrementar la efectividad del testimonio cristiano. Esta parece ser la mejor razón por la cual Pablo se hallaba encarcelado. Dios utilizaba esta peculiar circunstancia para darle los medios que necesitaba para presentar el evangelio a muchos que no hubieran podido escuchar a Pablo de otra manera. A pesar que no se mencionan todos los detalles, Pablo afirma que gracias a las prisiones en Cristo, aludiendo al hecho que estaba encadenado a un soldado romano, se había manifestado el Evangelio por estos medios “en todo el pretorio, y a todos los demás”. La traducción “en todo el pretorio” (vs.13) puede referirse a un palacio o lugar de residencia del gobernador. Hay otras posibilidades como las de referirse al campamento de la guardia pretoriana. Una tercera posibilidad a la cual puede referirse, es que se refiera a los mismos guardias.
Ya fuera en Roma o en otra parte, según la costumbre establecida, el apóstol estaría encadenado las veinticuatro horas, con toda probabilidad a un soldado romano, con cambio de guardia cada seis horas. Sin duda alguna, ésta fue una dura experiencia para Pablo, porque estaba sujeto a todas las malvadas características y caprichos de su guarda. A pesar de todo, las circunstancias también le dieron la oportunidad inapreciable de testificar y cada guarda oyó la historia de Pablo. El relato de la Gracia de Dios y de la transformación que está efectúo en su vida lo sujetó al más penetrante escrutinio de cada guarda, para ver si su testimonio era genuino. La sinceridad del apóstol y su radiante relato de la gracia de Dios manifestada a él, fue un instrumento eficaz para la Gloria de Dios, porque muchos de los guardas llegaron así a conocer a Cristo como Salvador. Las cadenas de Pablo se transformaron en una efectiva línea de comunicación con los soldados del Imperio Romano, quienes convertidos a Cristo llevarían el evangelio hasta los confines de la Tierra. La prisión de Pablo se había transformado en un púlpito.
Un efecto del consistente y fiel testimonio de Pablo fue que “la mayoría” de los hermanos en el Señor cobraron ánimo para hablar la Palabra sin temor. Si Pablo podía predicar en la prisión sin temor alguno, ellos podían predicar la Palabra fuera de la prisión. Su influencia era tal que la mayor parte de los cristianos en Roma, cobraron ánimo para testificar.
Esto nos hace reflexionar y recuerda, que cada circunstancia de la vida es una plataforma sobre la cual la gracia transformadora de Dios se puede manifestar en la vida a aquellos que pertenecen al Señor.

Libro: Filipenses : Triunfo de Cristo.
Utilizado con permiso de la Editorial Portavoz



Escrito por:   John F. Walvoord.    Fecha de publicación  9/2/2008 4:30 PM
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