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Frente a las pruebas

Hemos hablado de las pruebas y de nuestra reacción frente a ellas, pero ahora pasemos a ver las pruebas en sí mismas.
Santiago nos presenta dos importantes hechos acerca de las dificultades.
Primero, dice que te hallarás "en diversas pruebas" (Stg. 1:2). Imagina tu vida cristiana como un juego de mesa. El juego podría llamarse "El camino a la perfección" o "Progreso hacia la madurez". Para jugarlo, mueves alegremente tu pequeña ficha sobre el tablero. Te corresponde el turno de recibir instrucciones y ver lo que traerá tu siguiente jugada. Tal vez la tarjeta te permita avanzar cinco espacios sin obstáculos, o pasar tu siguiente examen, o adelantar a otros jugadores y ser promovido, o conocer al hombre de tus sueños, o ganar un turno adicional con premio (un reembolso sorpresa o un cheque por correo). O tal vez las instrucciones te digan que debes pasar un turno en el hospital, o perder uno sin razón alguna, o esperar y ver que otros avanzan en el juego, o en vez de recuperar un pago de impuestos te impongan uno adicional. Con cualquiera de estas jugadas te "hallas" en una prueba. Esta idea de "hallarse" significa encontrarse, toparse, tropezar, caer en medio de algo, terminar rodeado o envuelto en
algo. Alude a que hallarse en pruebas no solo es posible, sino inevitable. En otras palabras, que las pruebas son una certeza; son parte del diario vivir en este mundo. La parábola del buen samaritano que enseñó Jesús ilustra lo que significa hallarse en una prueba (Le. 10:30-37). En esta historia "un hombre descendía de Jerusalén a Jericó, y cayó en manos de ladrones" (v. 30). ¡Ahí está! Este hombre simplemente andaba en sus asuntos y se trasladaba de un lugar a otro, cuando de repente "se halló" en una prueba y "cayó en manos" de ladrones.
Las pruebas no son castigos de Dios, ni consecuencias del pecado (aunque el pecado puede derivar en una prueba o empeorar una situación dada). Este hombre incauto cayó en esta situación angustiosa. Se topó con ella. Él no la mereció, no se la ganó, no la planeó, no la quiso ni oró para que pasara. Tampoco estaba loco, ni era masoquista; no era un tonto, ni un mártir. No la previó ni la esperó. De haber podido, habría cambiado de camino o hecho todo lo posible para evitarla. Aquella prueba simplemente le sobrevino, apareció a la vuelta de la esquina, sin más. Igual que sucedió con este hombre inocente, las pruebas en las que nos hallamos o que encontramos son externas. No son el resultado del pecado. Vienen por sorpresa, como un choque. Son inesperadas, desconcertantes e inmerecidas. Y nunca, nunca es el momento oportuno para hallarse en una prueba. Las pruebas son también puntos decisivos. Corrie ten Boom escribió: "El punto decisivo puede anunciarse con una llamada de teléfono o un toque en la puerta". Algunas pruebas son grandes, abrumadoras y prolongadas. Sin embargo, otras pueden solo alterar tu día, tu semana o el mes siguiente. Por ejemplo, Corrie ten Boom mencionó "una llamada de teléfono". Todos hemos recibido llamadas telefónicas que anuncian pruebas y señalan que la vida nunca volverá a ser igual. Tú te has hallado en diversas pruebas, has pasado por uno o más puntos decisivos, y has respondido llamadas telefónicas inesperadas. También yo. Conoces muy bien los diversos mensajeros que pueden notificarte que te hallas en una prueba. Sin embargo, ahora sabes cuál es el paso siguiente que debes dar: tener por sumo gozo cuando te halles en problemas.

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Escrito por:   E. George - Encuentra la senda de Dios en medio...    Fecha de publicación  11/16/2011 11:14 PM
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