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CONOCIDOS POR DIOS
 “Tal conocimiento es demasiado maravilloso para mí; alto es, no lo puedo comprender” (Sal. 139:6).
He aquí una reflexión y un reconocimiento acerca de Dios. El Salmo presenta las perfecciones de Dios, desde la intimidad y la experiencia del creyente. Esto produce tranquilidad y aliento. Según hicimos antes con el Salmo 23, lo haremos ahora con éste, tomándolo en porciones para nuestra meditación.
La primera verdad que encontramos (vv. 1-2) es que Dios nos conoce siempre y nos conoce totalmente. Es continuo, “mi sentarme y mi levantarme”. Cualquier acción es conocida por Él. No dice el salmista que la omnisciencia de Dios le permite conocer a todos, sino que me conoce a mí. Cualquier movimiento mío puede ser desconocido para los que me rodean, pero, siempre es conocido para Dios. No solo sabe todo acerca de mí, sino que también entiende las razones que mueven cada acto de mi vida. Es tan grande Su entendimiento que no hay quien lo alcance (Is. 40:28). Los más íntimos ignoran muchas cosas de nosotros; Dios lo conoce todo.

Él también está al tanto de mi vida porque conoce “mi andar y mi reposo” (v. 3). Pero, todavía más, “Todos mis caminos le son conocidos”. Sabe por dónde vengo y hacia dónde voy. Yo sólo conozco de mi camino, el tramo ya transcurrido de mi vida. Puedo decir cual fue tranquilo, cuando gozoso y cuando de aflicción. En él quedan las huellas de mis victorias y las de mis lágrimas. Sin embargo, Dios sabe todo esto, porque echa de ver mi futuro, desconocido para mí. Está ya prevista la ayuda que necesitaré en cada momento. Los recursos para cada tramo ya están en el depósito de Su gracia; el bálsamo para las heridas que el camino produzca está ya en el almacén de Su misericordia; la redoma para recoger mis lágrimas ya está preparada; la provisión de consuelo y aliento dispuestas; las fuerzas para cada día ya están ordenadas. Mis oraciones, Él las conoce antes que las pronuncie (v. 4), aun las que no llegue a expresar con palabras. El anhelar del alma, sus suspiros son de Su conocimiento, para darles respuesta según Su consejo y siempre según Su amor.

El cuidado divino es una realidad. Obsérvalo con detalle (v. 5). Estoy rodeado por Dios mismo: “El Ángel de Jehová acampa alrededor de los que le temen y los defiende” (Sal. 34:7). ¿Sientes a tus enemigos corriendo tras de ti para alcanzarte? Que tu alma se tranquilice porque el Señor te rodea para protegerte. ¿Estás atravesando un trecho difícil donde el futuro se presenta sombrío e inquietante? Descansa ahora porque el Señor va delante de ti. ¿Ves solo nubes de tormenta en el camino? Mira arriba, Su mano de amor y poder está puesta sobre ti para protegerte del turbión que amenaza. Nada podrá separarte de Él, porque esta es Su promesa “nadie las arrebatará de mi mano” (Jn. 10:28). Las pruebas más grandes, las adversidades más intensas, lo ataques más intensos del enemigo, la vida o la muerte, no pueden separarnos de Su amor (Ro. 3:38-39).

¡Cuánto aliento produce este conocimiento de Dios! Es demasiado maravilloso para comprenderlo (v. 6). En Él que me conoce así, puedo descansar. Sabe lo que necesito ahora y sé que me lo dará. Hago un alto el camino y descanso a la sombra del Señor para recuperar las fuerzas que preciso y luego, decididamente, prosigo el camino que ha trazado para mí según Su consejo. Pastor Samuel P. Millos


Escrito por:   Pastor Samuel Pérez Millos    Fecha de publicación  6/8/2019 1:28 PM
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